Los liderazgos tóxicos generan costos ocultos e impacto negativo tanto en la reputación como en la cultura corporativa. Identificarlos a tiempo nos puede ahorrar traumas laborales.
Una de las libertades que te da ser una persona en “condición de emprendimiento” es la posibilidad de ser más flexible en los proyectos que eliges. Para mí los criterios a cumplir son: de negocio, de curiosidad o de pasión desmedida. Algo que los gurús mente de tiburón desaprobarían es que a veces la pasión desmedida y la curiosidad le ganan al negocio.
El problema es cuando el potencial hace que este tipo de proyectos se vuelven un aprendizaje. De eso va la columna de hoy, para que ustedes aprendan en cabeza ajena (la mía). Esta vez el aprendizaje tiene que ver con reputación, cultura organizacional y el costo de los liderazgos tóxicos.
¿Cómo se combina todo esto? Sin entrar en detalles, porque se dice el pecado, pero no el pecador, se trata de un reto que atraviesa a varias organizaciones: el costo de los estilos de liderazgo que combinan ansiedad con hostilidad como estrategia para “generar resultados”, sobre todo cuando la narrativa corporativa promete otra cosa.
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Liderazgos tóxicos generan equipos inestables
Un liderazgo tóxico es aquel que cumple con las siguientes características: abuso de poder y control (microgestión y cuestionamiento de autonomía), falta de empatía, comunicación deficiente y manipuladora (que incluye silencios calculados, levantar la voz, generar miedo y fomentar la desconfianza), inconsistencia y caos porque cambian de opinión frecuentemente o dan órdenes contradictorias, falta de reconocimiento y chivos expiatorios, favoritismo y división, además de reacción violenta a la crítica.
Es una problemática que no conoce edad, género o condición, se puede identificar porque existe una tensión ulterior en todo el equipo, incluso cuando las cosas salen bien. Hay desgaste y fricciones innecesarias porque la estabilidad depende de la actitud de quien lidera. El aprendizaje que les comparto es que esta toxicidad permea a aliados y proveedores, se vuelve “el precio a pagar” por colaborar. Ningún proyecto lo vale.
Este tipo de liderazgos padece visión de túnel, ignora la existencia de un mundo fuera de la organización a la que pertenece y las consecuencias de las violencias que ejerce. Porque sí, digámoslo con todas sus letras: es violencia laboral.
Mientras experimentaba este ciclo y me preguntaba ¿cómo llegué aquí si el proyecto era tan interesante? Caí en cuenta que la ventaja como consultores o proveedores externos es que podemos entrenarnos para identificarlos a tiempo y no participar. La otra opción es pagar el costo económico y emocional.
Ya les contaba que la incertidumbre se come a la cultura corporativa en el desayuno y por tanto a la estrategia. Sin estabilidad en un equipo, es prácticamente imposible navegar la incertidumbre porque todos están en estado de alerta permanente. Además, se va a generar una hemorragia de talento, ya sea inmediata o producto del burnout.
La resiliencia, la confianza y el respeto son tres habilidades que se contraponen; el problema es que, si tus líderes no cuentan con ellas, difícilmente las vas a adquirir. Si las tienes, vas a ser el chivo expiatorio por excelencia.
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La reputación se construye con hechos, y las consecuencias siempre te alcanzan
El otro costo potencial está en la reputación. Se invierte mucho en certificaciones, premios, pauta para decir que una organización es un buen lugar para trabajar, comunicar el propósito, la visión de futuro y demás narrativa corporativa. Todo lo anterior se diluye si al interior se conoce que se habita en una cultura del miedo. Y créanme, siempre se sabe.
La ruta más evidente son las denuncias en redes sociales o medios de comunicación, que generan crisis que pudieron evitarse con una intervención de RH. Está el otro camino: la recomendación de no colaborar en ese entorno. Esta es una consecuencia más lenta y de mayor impacto en tiempos donde el buen talento es escaso.
Mi aprendizaje final: Construir entornos de trabajos sanos es buen negocio, ningún proyecto vale caer en un ciclo tóxico.
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Fundadora de Meraki México Estratega en reputación, foresight y gestión de crisis. Fundadora de Meraki México y cofundadora de la colectiva Juguetería de los Futuros, impulsa narrativas que anticipan riesgos, abren posibilidades y fortalecen la reputación institucional. Ha acompañado a más de 100 equipos de crisis y 200 voceros en América Latina. Cree en el poder de imaginar futuros posibles como acto político, colectivo y profundamente transformador.y recibe contenido exclusivo


