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Las Escuelas de Dirección y la Nueva Narrativa para el Desarrollo

Las Escuelas de Dirección y la Nueva Narrativa para el Desarrollo

Las narrativas escolares tienen un gran peso en la formación de los próximos líderes, por ello, las instituciones deben de replantear sus formas de trabajo.


La pandemia aceleró muchos desarrollos, tendencias y fenómenos globales que estaban en curso, antes de que explotara.

La crisis de la economía financiarista que viene desde 2008, el desprestigio de la clase política y de las élites, la ausencia de un liderazgo con sentido y significación, las demandas por la inclusión, la integración y la igualdad, la necesidad de un nuevo modelo de gobernabilidad institucional, todo ello ha recibido un fuerte elemento catalizador con la emergencia sanitaria, desembocado en las hogueras del descontento que cunden por todo el planeta, desde Sudamérica hasta Europa, pasando por Norteamérica, para llegar al sudeste asiático y desde luego a África.

Todo el sistema educativo ha sido tocado por la pandemia. También por el populismo de izquierda y derecha presente en muchos países, por la desconfianza de los consumidores, por la guerra en Ucrania y por el fenómeno global de las migraciones que se ha incrementado.

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El cambio climático, la crisis alimentaria, la depredación medioambiental o la escasez de agua nos ponen frente a la necesidad de un nuevo modelo de sustentabilidad que integre lo público y lo privado y que sea prioritario en los sectores académico, educativo y de investigación aplicada.

Se impone una nueva narrativa a nivel global, regional y nacional. También es necesaria -esa nueva narrativa- en los sectores económico, social y político.

Desde luego es demandada en el ámbito de la educación superior y particularmente en las escuelas de alta dirección, porque ellas inciden de manera preponderante en los modelos de gobernabilidad que condicionan los planteamientos y soluciones a diseñar y operar.

La nueva narrativa no es un ejercicio retórico o de mercadotecnia, sino el esfuerzo por actualizar la visión, los valores, la misión o el sentido de propósito de las comunidades nacionales, de las organizaciones y las instituciones. Se trata de dar una respuesta a los desafíos, retos y problemáticas que tenemos que resolver en adelante.

Esta nueva narrativa se impone desde luego a las escuelas de graduados en dirección.

La nueva narrativa de estas escuelas supone una puesta al día de su misión, visión y valores.

Se trata de una exigencia de la sociedad para que las narrativas nos aprovisionen de ideales, valores y prioridades para la vida, sin las cuales no podremos resolver el nudo gordiano de nuestro batiburrillo económico, político y social.

Las narrativas se han convertido en la principal fuente de inspiración para poner orden en el caos y dar coherencia interna a la vida de personas, organizaciones y naciones. Si no hay narrativas integradoras e impulsoras, la decadencia es inevitable.

La nueva narrativa de las escuelas de dirección supone dar respuestas asertivas y holísticas a los cambios de circunstancias, de expectativas y del papel de los equipos directivos.

Para las escuelas de dirección su nueva narrativa institucional es un requerimiento de su particular responsabilidad social.

Son estas escuelas las que deben ser referentes, para un nuevo estilo de liderazgo que ponga a las personas y su dignidad en el centro del proceso de dirección.

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Son ellas las que deben aportar nuevas ideas para la sustentabilidad, que sólo será posible con el rediseño de los sistemas productivos y extractivos.

Las escuelas de alta dirección tienen que incorporar a su narrativa las ideas de justicia social, de un nuevo orden laboral en que el que no sólo tendremos sistemas híbridos -presenciales y remotos-, sino una nueva relación entre las personas, la inteligencia artificial y la producción automatizada, que revolucionara el trabajo.

Las escuelas de gobierno institucional deberán ser gestoras del desarrollo de estrategias de dirección que hagan de las tecnologías de información, una fuerza de humanización en nuestras comunidades y sociedades, frente al peligro de la cosificación y manipulación de los seres humanos.

La nueva narrativa de las escuelas de graduados en dirección es un elemento esencial para le generación de un nuevo modelo de gobernanza global, que involucre a los sectores económico y productivo, social y organizacional, político y gubernamental.

Su papel como punta de lanza en la innovación, el liderazgo y el desarrollo compartido y sustentable así lo exige.

Desde luego deberán revisar sus programas, sus métodos de enseñanza y su público objetivo.

Tendrán que revalorar si su tarea es la de proveer ejecutivos funcionales para el aparato productivo, comercializador o financiero, o si está en su misión encontrar nuevos métodos de formación y de enseñanza.

Esta nueva narrativa tendrá que hacer  patente a los líderes, dirigentes o gobernantes, la necesidad de conseguir resultados en materia de productividad, rentabilidad, servicios y calidad, buscando siempre y al mismo tiempo generar valor económico, social y político, que pueda ser compartido.

Se trata de hacer que el trabajo directivo logre tomar consciencia y ser responsable del impacto que sus decisiones tienen en las personas, las organizaciones, las familias y las comunidades.

En definitiva sobre el entero sistema de solidaridad por el que todos dependemos de todos.

La nueva narrativa de las escuelas de negocios, la nueva narrativa del liderazgo por servicio, la nueva narrativa de una gobernanza al servicio de la humanización de las relaciones laborales, sociales y políticas será el mejor remedio para afrontar, tanto en los sectores público como privado, los fantasmas del autoritarismo y el populismo, la vuelta a un pasado supuestamente idílico pero irreal y la queja infértil y perniciosa por la falta de compromiso con un proyecto exigente y prometedor.

Al término de un modelo neoliberal, especulativo y mercadotécnico, necesitamos una nueva narrativa que integre, innove y consolide la realidad de nuestra mutua interdependencia, que tan patente se ha hecho con la pandemia.

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Necesitamos narrativas robustas, con contenidos, que resplandezcan -no que brillen como fuegos fatuos-, y que sean dramáticas, para ser auténticamente vitales y humanas.

Las narrativas falsas, por su parte, sustituyen la sustancia por el espectáculo.

Hacen aparecer la verdad como trucada. Es la desventura de las noticias falsas (fake news), de la post-verdad en la historia, del grito, de la vociferación, de la exacerbación, que se alimentan solo de la fuerza para imponerse.

La decadencia es inevitable sin una renovación de ideales, motivos y objetivos de desarrollo sustentable.

Necesitamos narrativas impulsoras y coherentes, y me perece por lo que mi experiencia me dice, que un lugar privilegiado para que surjan, son las escuelas de alta dirección porque vinculan a todos los sectores y a todas las instancias que son necesarias para articular crecimiento con desarrollo compartido.

Para ello estas escuelas de pensamiento y acción necesitan rearmase con narrativas propias que estén a la altura de una misión que busca transformar personas, para transformar organizaciones, para hacer de nuestras sociedades lugares en los que se den soluciones eficaces y justas para todos.


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