Los microhábitos son pequeñas estrategias que, integradas con intención, pueden cambiar el clima emocional y el rendimiento colectivo.
La evolución, la inmediatez y la sobrecarga de información son parte de nuestra rutina lo que se ha convertido, paradójicamente en una debilidad social, apostar por integrar los microhábitos de bienestar como herramienta estratégica para reducir el estrés y fortalecer la resiliencia elevan la productividad en la gestión organizacional y educativa.
Por ello, integrar estas prácticas beneficia el clima organizacional, incrementa el compromiso, la concentración y la sostenibilidad del trabajo docente y administrativo con un impacto favorable en el crecimiento de la organización.
La función de los líderes está marcada por la constante toma de decisiones basadas en atención en los detalles operativos y la búsqueda del equilibrio entre resultados financieros, la integración del personal y la satisfacción del cliente.
Durante años, en las instituciones educativas hemos observado que la productividad sostenida no depende únicamente de la disciplina o el cumplimiento normativo, sino del bienestar integral de las personas que conforman la organización.
En este contexto, los microhábitos son una alternativa de impacto y viabilidad para cualquier organización. Se trata de sencillas acciones repetidas que generan un cambio acumulativo en la salud física y emocional, así como en la motivación y la eficiencia.
Estas prácticas, respaldadas por la evidencia científica, propician la estabilidad en la operación diaria sin requerir grandes inversiones de recursos ni interrumpir la dinámica cotidiana incrementando la productividad individual y colectiva.
En las organizaciones educativas representan una gran alternativa en la generación de habilidades blandas para los estudiantes, tan necesarias como la tecnología y la inteligencia artificial.
En estas líneas, se presentan diferentes aportaciones de algunos referentes de la psicología positiva como Martin Seligman, Mihaly Csikszentmihalyi, Barbara Fredrickson, B. J. Fogg, Jon Kabat-Zinn y Carol Dweck— para mostrar que los microhábitos de bienestar pueden marcar la diferencia, fortalecer la resiliencia y potenciar la productividad con sentido humano.
Cuando la resiliencia se confunde con una crisis de agotamiento laboral
Los microhábitos: pequeñas conductas saludables que transforman la interacción de los integrantes de las organizaciones
Liderar instituciones educativas implica convivir con la complejidad humana: docentes, estudiantes, personal administrativo y académico, padres de familia, entre otros actores, cada uno con historia, ritmo y motivaciones que en muchas ocasiones es difícil empatizar.
Por eso pretender conocer cada una de las necesidades humanas de una organización, puede traducirse en una compleja e inoperante realidad por lo que con frecuencia se piensa que el bienestar requiere programas de alto costo o intervenciones a gran escala.
Sin embargo, la investigación de B. J. Fogg (2019) demuestra que los cambios más duraderos inician con acciones mínimas que se integran de manera natural a la rutina diaria.
Un microhábito puede ser tan simple como la intención de agradecer al finalizar el día o dedicar dos minutos a respirar conscientemente antes de una junta o iniciar la clase con una frase motivacional. Cuando estas prácticas se vuelven parte de la vida organizacional, se construye una cultura empática, colaborativa y resiliente.
Enfocarse en la psicología positiva, como parte de estos microhábitos, puede traducirse en estudiar y potenciar las fortalezas humanas, en lugar de centrarse únicamente en los problemas, carencias o patologías.
Es comprender qué hace que las personas, grupos y organizaciones se reinventen a través del tiempo, se fortalezcan y complementen para alcanzar un bienestar sostenible que genere constante crecimiento.
Al aplicarse esta corriente psicológica, los liderazgos efectivos han dejado de centrarse exclusivamente en la resolución de problemas y el control dando paso para potenciar las fortalezas, promover bienestar y generar sentido compartido.
Esto implica, romper esquemas tradicionales para aplicar la psicología positiva, propuesta por Martin Seligman, el cual nos enseña que el bienestar “no es la ausencia de problemas, sino la presencia de fortalezas”. Esto es la promoción de un ambiente donde cada colaborador descubra sentido en lo que hace, con una propuesta de valor y oportunidad de crecimiento.
Otro exponente de esta misma disciplina es Mihaly Csikszentmihalyi, que con su teoría del flow, identificó que las personas alcanzan su mejor rendimiento cuando el desafío y la habilidad encuentran equilibrio.
Crear condiciones de trabajo que faciliten este “flujo” claridad de metas, retroalimentación oportuna, autonomía, no solo incrementa la productividad, sino también la satisfacción y el compromiso.
Por su parte, Barbara Fredrickson sostiene que las emociones positivas amplían el pensamiento y construyen recursos psicológicos duraderos. Un entorno positivo no solo hace que la gente se sienta bien: también la vuelve más creativa, cooperativa y resiliente.
La psicología positiva tiende a generar modelos más humanos y acertados, dejando a un lado la rigidez, indiferencia y normalización de conductas que desgastan a los integrantes de la organización.
El estrés laboral, sin duda alguna, se ha convertido en una de las principales causas de ausentismo, desgaste emocional y somatización de enfermedades.
Jon Kabat-Zinn, creador del programa de Mindfulness-Based Stress Reduction, demostró que la práctica de la atención plena —incluso en sesiones breves— reduce significativamente la reactividad emocional y mejora la concentración.
En la institución que lidero, hemos incorporado pausas conscientes al inicio de reuniones estratégicas y minutos de silencio en momentos de tensión. Esto se ha transformado en una herramienta para ganar enfoque, empatía y equilibrio. Por otro lado, la resiliencia no se enseña con discursos, se construye con experiencias y empatía.
Carol Dweck nos recuerda, desde su teoría de la mentalidad de crecimiento, que los errores son parte del aprendizaje. Fomentar esa visión permite que los equipos enfrenten la adversidad con mayor flexibilidad y confianza.
Uno de los credos más frecuentes en las organizaciones es que trabajar más horas significa producir mejor. La productividad sostenible surge cuando el bienestar se convierte en parte de la estrategia en sencillos microhábitos tales como hacer pausas activas cada hora, concluir el día con reflexión positiva o iniciar la jornada con propósito fortalecen la concentración y el ánimo.
Cuando las personas se sienten valoradas cambia su energía y el rendimiento mejora de manera natural. En el ámbito educativo, este enfoque se traduce en comunidades laborales más cohesionadas, innovadoras y con menor rotación de personal.
Los líderes educativos no solo gestionan recursos, modelan comportamientos e influyen en los equipos responsables de los estudiantes. Promover microhábitos de bienestar es un acto de congruencia institucional.
Se trata de construir una cultura de cuidado y propósito compartido con andamiajes de aprendizaje que disparen el crecimiento. Desde la dirección general, he aprendido que cada gesto o cada actitud, puede transformar la jornada de trabajo y el clima de la institución. La apuesta por el bienestar no solo retiene talento, forman comunidades más humanas y sostenibles.
La transformación de la cultura laboral no requiere grandes revoluciones, sino constancia, empatía y ciencia aplicada. Los microhábitos son pequeñas estrategias que, integradas con intención, pueden cambiar el clima emocional y el rendimiento colectivo.
La educación, al igual que el liderazgo, es un acto de esperanza. Apostar por el bienestar, la resiliencia y la productividad consciente no es una moda; es una forma de afirmar el tipo de sociedad que queremos construir desde nuestras aulas y oficinas.
SOBRE LA AUTORA
Constanza Rodriguez Naredo es directora general de la Universidad Tres Culturas
REFERENCIAS (6)
1. Csikszentmihalyi, M. (1998). Fluir (Flow): Una psicología de la felicidad. Editorial Kairós.
2. Dweck, C. S. (2018). Mindset: La actitud del éxito. Editorial Urano.
3. Fogg, B. J. (2020). Pequeños hábitos: Cambios sencillos que lo cambian todo. Grijalbo.
4. Fredrickson, B. L. (2011). Positividad: Descubre el poder de las emociones positivas. Plataforma Editorial.
5. Kabat-Zinn, J. (2009). Vivir con plenitud las crisis: Cómo utilizar la sabiduría del cuerpo y de la mente para afrontar el estrés, el dolor y la enfermedad. Kairós.
6. Seligman, M. E. P. (2011). La vida que florece: Una nueva comprensión sobre la felicidad y el bienestar. Ediciones B.
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