Tener todo al alcance de de un clic nos llevó a un nivel de comodidad impensable, pero también nos ha encerrado en una burbuja de intolerancia e impaciencia que nos isla de los demás.
Fui el amo y señor por un día. Llevaba meses sin poder tomar un descanso y mi esposa me ofreció un domingo para mí. Ella y mi hijo hicieron planes con mi suegra y me dejaron solo por casi 12 horas.
El celular fue mi cetro todopoderoso a través del cual compré el desayuno, la comida, las botanas, el postre y hasta un par de películas en streaming. Lo más que hablé fue un “hola” y un “gracias” repetido de forma veloz a los repartidores. Fui feliz en el silencio, en la soledad, sin tener que preguntarle a alguien si estaba de acuerdo con lo que yo quería. ¡Libertad total!
MIT SMR México se financia mediante anuncios y sociosPero esta “comodidad” que nos da el clic es un síntoma de algo no tan positivo. Resulta que el 58 por ciento de los consumidores globales reportan niveles de estrés de moderados a extremos todos los días, lo que ha provocado que el 66 por ciento busque activamente formas de simplificar su vida, refugiándose en la conveniencia extrema para evitar cualquier fricción adicional, según un estudio de Euromonitor.
Nos estamos encerrando en nuestra propia burbuja donde podemos comer, leer, ver y pensar lo que queramos sin que nadie nos contradiga o, mejor dicho, sin que nadie nos muestre otros puntos de vista sobre la vida… Porque no los permitimos. ¿Te suena?
Al no tener que lidiar con la pequeña “molestia” de interactuar con el cajero del súper o el tráfico para ver a un amigo, estamos perdiendo la capacidad de lidiar con lo que es diferente. Si no me gusta, lo cierro; si me incomoda, lo bloqueo.
Muchos nos estamos aislando del mundo por nuestra propia voluntad porque la realidad es que la convivencia requiere fricción: negociar, esperar, ceder.
El autor bestseller Jonathan Haidt explica muy bien este cambio invisible, pero preocupante:
“Hemos pasado de una infancia basada en el juego (donde aprendías a negociar con otros niños) a una infancia basada en el teléfono. El resultado es una generación con fobia a la interacción cara a cara y al conflicto”.
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El algoritmo es la herramienta perfecta de esta dictadura porque nos da justo lo que queremos ver, atrofiando nuestra capacidad de procesar lo que nos contradice o incomoda.
Como explica el filósofo coreano Byung-Chul Han, al eliminar lo que nos molesta, dejamos de crecer. El “infierno de lo igual”, dice, es un estado de estancamiento donde estamos rodeados de espejos, creyendo que estamos conectados cuando estamos solos, confirmando nuestras propias creencias.
“El tiempo en el que el ‘Otro’ todavía existía ha pasado. El ‘Otro’ como misterio, el ‘Otro’ como mirada, el ‘’Otro’ como voz desaparece. La comunicación hoy es solo una acumulación de lo igual”, dice.
Este fenómeno que afecta el comportamiento humano y la dinámica social, también impacta en los negocios y el liderazgo.
Los líderes cada vez toleran menos el disenso, mientras los emprendedores buscan “soluciones mágicas”, sin entender que construir una empresa es, por definición, un proceso lleno de fricción y convivencia. Por si fuera poco, la falta de exposición a ideas distintas mata la innovación.
Como siempre, un problema abre muchas oportunidades, pues en un mundo de clics, lo humano es el nuevo “premium”.
Un ejemplo son los listening bars, originarios de Japón y ahora tendencia en ciudades como nuestra Ciudad de México, Nueva York y Londres. Son bares donde hay reglas estrictas (no celular, hablar bajo, solo escuchar vinilos). La gente paga más por una experiencia que les pone límites y les exige atención.
Otra tendencia son los llamados CaaS (Comunidad como Servicio): marcas como Peloton o CrossFit no venden ejercicio (facilidad), sino la dificultad de pertenecer a un grupo que te exige y te confronta. La lealtad aquí es 10 veces mayor que en una app de ejercicios solitaria.
Las marcas y líderes que se atrevan a crear comunidades reales (con sus desafíos y desacuerdos) serán los únicos que generen lealtad verdadera.
¿Por qué no empiezas esta misma semana a hacer el cambio? Te propongo como reto que busques una interacción que no puedas resolver con un clic: habla con un extraño, visita una tienda física, permite que algo te incomode un poco. Porque la tolerancia no muere por odio, muere por comodidad.
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