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Cuando la polarización nos alcanza

Ivette Estrada 15 Nov 2022
Cuando la polarización nos alcanza

Ahora que la retórica de los políticos en general se vuelve más tóxica, porque se asume que recibirá más aprobación, es más complicada de alimentar la polarización.


Los sesgos reducen nuestra visión y capacidad de generar acuerdos, sumar y enriquecer proyectos. Limitan nuestra capacidad de aprendizaje, innovación y resiliencia. También suelen atentar contra el buen clima familiar, social o corporativo.

Hoy, sin embargo, la división política parece más amplia que nunca y los ciudadanos, líderes y organizaciones pueden comenzar a cerrar la brecha.

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Desde cualquier punto de vista, México está más dividido políticamente hoy que en cualquier otro momento de la historia reciente. La polarización no es solo un obstáculo para abordar problemas serios, sino que impide que los mexicanos vean a sus rivales partidistas como personas con las que les gustaría pasar el rato, trabajar o vivir cerca, e incluso compartir el país.

Esta división ya genera estragos en los ambientes laborales del país: impide colaboración, aumenta la desconfianza, crea peligrosos sesgos informales, obstaculiza proyectos y ahonda en el divisionismo de silos tradicionales. De ahí la importancia de buscar cómo reparar la polarización, centrada ahora en el terreno político, pero que puede abordar el divisionismo racional, de clase, género, creencias y otros.

Uno de los efectos insidiosos de la polarización es el alejamiento de las personas unas de otras, con consecuencias perjudiciales para las relaciones, lugares de trabajo y comunidades.

Ahora, existen dos tipos de bifurcación: la actitudinal y la afectiva. La polarización actitudinal describe a quienes no están de acuerdo en temas y políticas mientras el sesgo afectivo se refiere a la animosidad entre un grupo y otro.

Para establecer un terreno común que permita trabajar juntos, requiere corregir las percepciones erróneas de las intenciones y puntos de vista de la otra parte. Esta acción puede reducir el apoyo de los grupos contrarios a la violencia casi en 50% simplemente los datos básicos sobre cuánto apoya realmente el otro grupo la violencia disminuye los sesgos.

Ahora que la retórica de los políticos en general se vuelve más tóxica, porque se asume que recibirá más aprobación de sus partidarios, es más fácil alimentar la polarización. Lo mismo ocurre en otros terrenos: la violencia verbal escala y ahonda la polarización y la percepción de nosotros contra ellos.

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Las plataformas de redes sociales, por ejemplo, pueden crear entornos en los que refuerzan ciertos comportamientos que consideramos característicos de la polarización afectiva y la comunicación política tóxica porque incentivan comportamientos que en realidad no son tan populares.

Ante esto, los líderes pueden hacer mucho. Por ejemplo, amplificar voces de acuerdo y consenso de personajes relevantes incide en una mayor aceptación por parte de los disidentes.

En sí, cuando se muestra que los puntos de vista del otro grupo son mucho menos extremos en promedio de lo que se cree inicialmente, puede reducirse la polarización y la percepción maniquea y divisionista. Por otra parte, catapultar conversación significativas y respetuosas nos permite disuadir la polarización y sus efectos adversos.

Conocer al otro

Cuando el “otro” es desconocido, tendemos a asignarle más estereotipos y prejuicios. Al momento de conocerlo, disminuye el concepto de otredad y división. Puede disminuir nuestra polarización.

Existe una técnica en la que se asigna aleatoriamente a personas de un país para leer los diarios de personas de otras nacionalidades. Con el tiempo las brechas culturales disminuyen sensiblemente.

Los líderes en las organizaciones son clave para promover normas sociales para la gestión constructiva de conflictos. Esto porque su comportamiento y acciones son emuladas. Por lo tanto, son modelos a seguir sobre cómo unir a las personas y ayudar a mostrar cómo estar de acuerdo y en desacuerdo. Las culturas de conflicto constructivo en el trabajo permiten menor agotamiento y  mayor cohesión.

Ahora, dado que las empresas tienen en su base de empleados muchas personas con puntos de vista muy diferentes sobre las cosas, existe la posibilidad de que el lugar de trabajo sea donde superemos las divisiones.

Decálogo antipolarización

Politólogos y expertos en conflicto coinciden en las acciones recomendadas para desalentar el divisionismo y abonar en la cohesión de grupos. Engloba diez acciones:

1. Aventurarse a comprender. Las creencias de muchas personas se incorporan cuando son muy jóvenes. Por ende, son susceptibles de cambiarse, pero implican factores demográficos e históricos que están fuera del control de quienes piensan diferente a nosotros. Si tratamos de indagar de dónde provienen los credos de los grupos antagónicos, podríamos descubrir que tenemos más semejanzas que diferencias con ellos.

2. Entrenar al liderazgo. Los líderes de las organizaciones representan paradigmas de los comportamientos a seguir. La manera en la que ellos manejan los conflictos marca la pauta a lo que harán sus equipos de trabajo. Por ello conviene entrenar y normar la manera en que deben conducirse y evitar caer en exabruptos, faltas de respeto y divisionismo.

3. Alentar la diversidad. Grupos heterogéneos, con diferentes experiencias y puntos de vista, propician mayor apertura en los grupos sociales y de trabajo. Cuando se interactúa de manera continua con la diversidad, aumenta nuestra capacidad de aceptar puntos de vista diferentes.

4. Involucrarse. Aumentar el propio compromiso e involucramiento con una causa específica nos vuelve más abiertos a la diversidad y heterogeneidad de puntos de vista, pues naturalmente se acepta o se asume que todos convergemos a los mismos fines. Mejores ciudadanos, por ejemplo, suelen ser políticamente más tolerantes a quienes consideran sus adversarios políticos.

5. Buscar valores compartidos. Todos tenemos algo común en nuestra moralidad. Eso no quiere decir que estemos de acuerdo en todo, pero hay aspectos entrelazados. Por ejemplo, todos nos preocupamos por la familia y las personas que están cerca de nosotros. Cuando nos enfocamos en las semejanzas en lugar de lo que nos divide, logramos partir de bases comunes y generar acuerdos.

6. Aspirar a servir. No es una utopía, es la base para que todas nuestras acciones y pensamientos se conecten con finalidades prácticas de servicio a los demás. Esto lima diferencias y nos hace más proclives a sumar a los demás, aunque sus puntos de vista no coincidan con las nuestras.

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7. Enfocarse en los beneficios “para todos”. Adoptar lo que es bueno para nosotros colectivamente. El bien común es una fuerza poderosa y transformadora.

8. No sobreestimar diferencias. Esto puede ayudarnos a no renunciar a la persuasión y a tratar de construir coaliciones significativas.

9. Promover la cohesión. Asumir que la diversidad ideológica merece más consideración es un punto esencial para fomentar el reconocimiento de la humanidad de los demás.

10. Acciones concretas. Hacer oír nuestra propia voz garantiza que respetaremos la expresión de otros. Cuando no somos capaces de externar nuestros propios puntos de vista somos indolentes a las percepciones de los demás. En el caso de la polarización política la acción crucial a ejercer es el voto.

En las sociedades míticas existe una frase que puede aplicarse en este contexto de cerrar las brechas ideológicas: todos somos uno. ¿Cómo alcanzar la comprensión y acuerdo sin conocer a nuestros potenciales interlocutores y aparentes “contrarios”? Es momento de apostar a la diversidad de credos. Ese es el preludio a la reconciliación de un país o grupo.


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Ivette Estrada

ivette.estrada Publirrelacionista y escritora mexicana. Autora de 10 libros, investigadora de temas varios y columnista. Tiene una agencia de relaciones públicas con su nombre.
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