La experta en sostenibilidad Tensie Whelan explicó cómo las empresas pueden transformar riesgos ambientales en oportunidades de crecimiento, innovación y rentabilidad.
La sostenibilidad dejó de ser un ejercicio de reputación para convertirse en una estrategia de gestión inteligente. Así lo aseguró Tensie Whelan, profesora distinguida de NYU Stern y directora del Centro de Negocios Sostenibles.
“La sostenibilidad es simplemente un buen manejo. Ayuda a gestionar el riesgo operativo, reputacional y regulatorio, además de crear oportunidades de innovación y crecimiento”, afirmó durante su participación en el Foro MIT SMR México 2025.
MIT SMR México se financia mediante anuncios y sociosA través de su modelo ROSI (Return on Sustainable Investment), Whelan mostró cómo las estrategias de negocios sostenibles pueden impulsar el margen operativo al tiempo que fortalecen el desempeño social. Este enfoque permitió a las empresas medir el impacto financiero de iniciativas como la circularidad, la descarbonización o la eficiencia hídrica.
“Muchas compañías aún no monetizan sus costos evitados, pero ahí está gran parte del valor. Hemos visto ahorros de hasta 100 millones de dólares en iniciativas circulares dentro de la industria automotriz”, añadió.
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Durante su Master class “Negocios sostenibles: El liderazgo mexicano impulsando la creación de valor a través de la sostenibilidad”, Whelan citó casos concretos que demostraron cómo los negocios sostenibles pueden generar valor económico real:
Estos ejemplos mostraron que la sostenibilidad y la rentabilidad pueden coexistir cuando las decisiones se basan en datos, métricas y visión de largo plazo.
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Para Whelan, dos estrategias dominaron la agenda global de los negocios sostenibles: la descarbonización y la circularidad.
Ambas redujeron costos energéticos, fortalecieron la resiliencia de las cadenas de suministro y fomentaron la innovación.
“La circularidad es un superpoder financiero. Reduce entradas y costos de desecho, impulsa nuevas ventas y fidelidad de clientes, y genera beneficios tangibles e intangibles”, afirmó.
Además, en la gestión moderna, la Inteligencia Artificial se convirtió en un catalizador clave para medir, optimizar y comunicar el impacto sostenible. Diversos análisis empresariales señalaron que la IA permitió automatizar la recopilación de datos ambientales, anticipar riesgos climáticos y diseñar cadenas de suministro más eficientes.
En el contexto del modelo de Whelan, esta tecnología amplificó el potencial financiero de la sostenibilidad corporativa.
Para México, con su diversidad industrial, el reto fue claro: enfrentar desafíos relacionados con agua, energía y cambio climático. Sin embargo, también se abrió una oportunidad histórica para convertir la sostenibilidad en una ventaja competitiva.
La profesora de NYU Stern concluyó con una idea central: integrar la sostenibilidad significa crear valor real. Las empresas que entendieron esta lógica no solo redujeron riesgos, sino que también impulsaron innovación, reputación y crecimiento económico sostenible.
“No hay industria que no esté afectada por riesgos de sostenibilidad, pero tampoco una que no tenga oportunidades”.