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Especial Fintech: La complicada promesa de criptomonedas en México

Especial Fintech: La complicada promesa de criptomonedas en México

Mientras México enfrenta un amplio espectro de desigualdad económica, la descentralización del sistema financiero es un arma de dos filos.


En noviembre de 2020, el empresario Ricardo Salinas Pliego, presidente de Grupo Salinas y el tercer hombre más rico de México, compartió un tuit donde reveló por primera vez que tiene el 10% de su portafolio líquido invertido en Bitcoin. En la misma publicación recomendó el libro El Patrón Bitcoin: La Alternativa Descentralizada a los Bancos Centrales del autor Saifedean Ammou.

El tuit recibió miles de interacciones y colocó a Salinas Pliego en los titulares de medios internacionales especializados en finanzas y economía, como Nasdaq, Yahoo! Finance y Bloomberg. Y es que su revelación no fue menor: Bitcoin, una moneda digital —también llamada criptomoneda— descentralizada que promete transformar el sistema financiero actual, estaba siendo validada por un multimillonario que ha creado su fortuna gracias a dicho sistema.

Salinas Pliego está lejos de ser el único personaje de alto perfil que ha manifestado su creencia en el Bitcoin. El célebre jugador de fútbol americano Tom Brady, el empresario Elon Musk y el presidente salvadoreño Nayib Bukele también son partidarios de esta criptomoneda. De hecho, todos ellos portan los famosos ojos láser en sus fotos de perfil de Twitter, un símbolo de apoyo al Bitcoin en esta red social. 

Sin embargo, el presidente de Grupo Salinas sí es el primero en México en hacer una declaración pública sobre su postura.

En otra entrevista que realizó para el canal de YouTube ‘Bitcoin, Dinero y Libertad’ el pasado 20 de junio, expresó lo siguiente: “Pienso que el Bitcoin es un activo que debe de estar en el portafolio de cualquier inversionista, independientemente si sirve como moneda o no”. La entrevista fue subtitulada al inglés y compartida entre la comunidad de cripto entusiastas en la red social.

Días después, el Wall Street Journal atribuyó el incremento del 8% en el precio del Bitcoin –que lleva en caída desde abril– a otro tuit del empresario en donde aseguró que Banco Azteca, de su propiedad, sería el primero en México en aceptar Bitcoin.

El 28 de junio compartió otro consejo: “El secreto de invertir en Bitcoin es comprar ahora y no vender”. Su postura HODL (el acrónimo de hold on to dear life, que incentiva a los inversionistas en Bitcoin a no vender pese a que baje su precio, con tal de mantener su valor y relevancia) no descubrió ningún hilo negro. 

Sin embargo, resulta muy claro que la validación de alguien como Salinas Pliego, que además tiene 888 mil seguidores en Twitter y en las últimas semanas se ha convertido en speaker destacado sobre Bitcoin en distintos eventos, está incrementando la percepción masiva sobre las criptomonedas en México y la va modificando desde el escepticismo hacia el entusiasmo, con todas las consecuencias que esto implica.

Cuestión de tiempo 

México es uno de los centros más activos de la creciente popularidad de las criptomonedas. 

De hecho, no sorprende que el país haya sido el lugar donde surgió Bitso, una de las primeras empresas dedicadas al uso e intercambio de criptomonedas en Latinoamérica. 

Bitso fue creada en 2014 por Pablo González y Ben Peters, dos creyentes del potencial del cripto desde que conocieron sobre el Bitcoin en sus primeros años. Como ya es bien conocido, el Bitcoin nació en 2008 a partir de un documento publicado en línea por alguien llamado Satoshi Nakamoto, cuya verdadera identidad sigue sin revelarse. 

En aquel texto, titulado Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System, quedó expuesto el funcionamiento de una nueva tecnología llamada blockchain; una manera de registrar transacciones en distintas computadoras utilizando ecuaciones matemáticas encriptadas que debido a su naturaleza descentralizada prácticamente son imposibles de modificar o hackear. 

Que la blockchain no responda a ninguna entidad central propone la eliminación de intermediarios, la devolución del control de las transacciones a manos de ciudadanos comunes y, en consecuencia, el debilitamiento de instituciones monetarias globales. O al menos esos son los principales argumentos que sustentan el movimiento cripto como filosofía.

No es coincidencia que el 2008 también haya sido el año en que quedaron evidenciadas las fallas estructurales del sistema económico global. El colapso de las instituciones financieras y su rescate por parte de los gobiernos mediante políticas monetarias provocó una grave recesión económica.

Mientras que bancos como Bank of America, instituciones como JP Morgan y países enteros como Grecia fueron rescatados con dinero de los ciudadanos, quienes tomaron las decisiones que llevaron a la crisis no enfrentaron ninguna consecuencia severa. 

En México, la recesión contribuyó particularmente a un incremento en la desigualdad. Quienes tenían capacidad de participar en compras de deuda pública se vieron beneficiados, así como los concesionarios de servicios privados o regulados por el sector público, incluyendo minería y telecomunicaciones. Un reporte de Oxfam titulado Concentración del Poder Económico y Político y publicado en junio de 2015 apunta a que entre 2003 y 2014, el porcentaje de riqueza de los cuatro principales multimillonarios mexicanos (incluyendo Salinas Pliego) pasó de representar el 2% del PIB al 9%. 

Es decir: el momento en que nació Bitso era particularmente susceptible a la realidad económica del planeta. Siete años después, Daniel Vogel, CEO de esta compañía, compartió durante un panel que Bitso tuvo un crecimiento de 10x en cantidad de clientes tan sólo entre diciembre de 2020 y enero de 2021. El 8 de enero tuvieron más de 400 mil clientes en todo el día, 20 mil de manera simultánea. 

Tal incremento coincidió con dos cosas. Primero, con una racha en el incremento del valor del Bitcoin que comenzó en noviembre de 2020, alcanzó su punto máximo en marzo por arriba de los $58 mil dólares, y recién terminó a mediados de junio con el precio rozando los $30 mil. 

Segundo, con el inicio del short squeeze de las acciones de GameStop, orquestada por un subgrupo en la red social Reddit, que también provocó el incremento en el valor de otras criptomonedas. Este episodio, que provocó pérdidas multimillonarias para los hedge funds que apostaron en contra de GameStop y otros fondos en Wall Street, demostró el impacto que está teniendo la democratización de las finanzas gracias a la masificación de los servicios financieros en línea.

Bitso recientemente se convirtió en un unicornio mexicano valuado en $2,200 millones de dólares, tiene cerca de 1.8 millones de clientes activos en Latinoamérica y acapara el 95% del mercado de cripto en México. La empresa no sólo sirve para adquirir, resguardar e intercambiar criptomonedas. 

Vogel ha declarado que la intención de Bitso es “beneficiar a la región con servicios financieros que están construyéndose sobre la blockchain”. Y es precisamente el potencial de la blockchain como tecnología, no sólo la apreciación del valor del Bitcoin u otras criptomonedas, el siguiente paso en la escalabilidad de las criptomonedas dentro y fuera de México.

El potencial de DeFi

La promesa de democratizar los servicios financieros es uno de los principales selling points del mundo crypto. Se concentra en el ecosistema conocido como finanzas descentralizadas, o DeFi por sus siglas en inglés. Este término se refiere a tecnologías de servicios financieros como préstamos y trading que, debido a que están montados sobre blockchains públicas como Ethereum, son accesibles para cualquier persona que tenga acceso a internet. 

Esto implica algo realmente revolucionario: el ecosistema DeFi elimina la necesidad de bancos e intermediarios y facilitan transacciones más baratas, transparentes y con comisiones nulas o muy bajas.

Ethereum es clave en este ecosistema, pues es la blockchain de código abierto más grande del mundo y permite la ejecución de los llamados contratos inteligentes: comandos escritos en el código de cada ecuación matemática que sólo ocurren si se cumple alguna condición. Es decir, las DeFi confían en el código y eliminan el error o la omisión humanas para funcionar sin sesgos ni intereses personales. 

El crecimiento de este sector ha sido tan meteórico como el incremento en la popularidad del mundo crypto. En diciembre de 2019, el valor de DeFi se calculaba en $700 millones de dólares según datos de la firma ChartEx. Para abril de 2021, la empresa de análisis de crypto CoinGecko estimaba esa cifra en $128 miles de millones de dólares; un crecimiento del 18,185.7% en menos de un año y medio. 

Actualmente, se cree que 1.75 millones de personas utilizan DeFi alrededor del mundo, incluyendo servicios de empresas como Binance, la plataforma de intercambio de Bitcoin y monedas alternativas más grande del mundo en volumen, y OpenSea, un marketplace de NFTs y activos digitales de colección. 

Pero como es característico al hablar sobre criptomonedas, en las valuaciones tan entusiastas de proyectos de DeFi influye un fuerte componente especulativo. La promesa del Bitcoin, de Ethereum y de la blockchain como herramientas para dejar de depender del sistema económico actual y llevar servicios financieros a las poblaciones más rezagadas es opacada por otra, una más tangible: la de aprovechar el entusiasmo en los mercados de inversión en crypto y hacerse de dinero rápidamente. 

Subirse a la ola u observar la marea

La descentralización de los servicios financieros sí es una respuesta muy natural a la manera en que ha operado el mundo en los últimos años. 

“Este sistema monetario ya no funciona”, asegura Eduardo García, anfitrión de Espacio Cripto, un podcast mexicano sobre todo el tema crypto. “Estamos confiando en gobiernos que han demostrado hacer uso incorrecto del dinero. Bitcoin es una manera de descentralizarlo al quitarle a los bancos centrales el poder de hacer políticas deflacionarias o de imprimir dinero”. 

García, que también trabaja como product owner en Bitso, es parte de los creyentes en el potencial de las criptomonedas para transformar el mundo. Los invitados a su podcast suelen explicar situaciones de actualidad relacionadas con crypto, desde el auge de los NFTs, la saga de Elon Musk con la criptomoneda Dogecoin y el anuncio del presidente Bukele en El Salvador. Espacio Cripto debutó en diciembre de 2020 y recién alcanzó las 9 mil reproducciones mensuales. Según García, constantemente se encuentra entre los diez podcasts de tecnología más escuchados en México, Venezuela y Argentina. 

La popularidad del crypto en estos tres países es particularmente relevante. México es el país de habla hispana más poblado en el mundo, pero Venezuela y Argentina son ejemplos vivos de las consecuencias fallidas de políticas monetarias. La inflación anualizada en 2020 del peso argentino cerró en 36.1%. La del bolívar venezolano, epítome de la divisa fracasada, fue de 3,713%. Por ello, no sorprende que en ambas naciones latinoamericanas la alternativa de las criptomonedas haya tomado un gran auge. En particular, la del Bitcoin como reserva de valor. 

“El 60% de nuestros usuarios está en México, cerca del 30% en Venezuela y el porcentaje restante está repartido entre Argentina y Colombia”, explica Anthony Chavez, gerente de marketing de Mexo, una plataforma mexicana de intercambio de criptomonedas. Mexo recientemente superó los 100,000 usuarios que suelen tener entre 38 y 40 años y deciden destinar algún excedente de dinero en criptomonedas como inversión alternativa. 

El target de Mexo coincide con el de Bitso, por lo menos en geografía. Por eso busca fortalecerse como competidor “ofreciendo más y mejores productos de cripto”, asegura Chávez, incluyendo el uso de una stablecoin mexicana llamada MMXN que está ligada al peso mexicano para evitar su volatilidad. 

Además del dominio del mercado cripto en México, Bitso tiene el 60% del argentino y ha sido autorizada por el gobierno de Colombia para probar algunos casos de uso de cripto en un proyecto piloto. 

Bitso ofrece una cartera comprehensiva de productos relacionados con criptomonedas, desde enviar y recibirlas alrededor del mundo –incluso como alternativa para envío de remesas– hasta hacer depósitos con divisas locales. García, de Espacio Cripto, menciona que los anunciantes de su podcast realizan el pago en criptomonedas cada dos semanas. 

Sin embargo, el servicio más común de los usuarios de Bitso sigue siendo el exchange, o la compra y venta de criptomonedas, incluyendo las nueve más populares actualmente.

Según información publicada en su sitio, Bitso ha realizado casi 28 millones de transacciones de trading. En el caso de Mexo, que ofrece servicios similares y busca fortalecerse para competir con Bitso en volumen y servicios, Chávez asegura que sus clientes “pertenecen a un segmento poblacional que está acostumbrado a los medios digitales y que está buscando tener mayores ganancias”. 

Es aquí donde el potencial de las criptomonedas como catalizador del cambio es opacado por el entusiasmo de las grandes ganancias. Al no tener más respaldo que la creencia colectiva, las criptomonedas son extremadamente volátiles. De acuerdo con el sitio Investopedia, existen más de 4,000 criptomonedas actualmente sólo por el hecho de que cualquier persona o entidad puede crear la suya. Las criptos más comunes, incluyendo Bitcoin y Ethereum, se han popularizado por sus propiedades técnicas y han ganado valor porque los usuarios creen que lo tiene. 

Pero hay otras que solo son un experimento de lo que está ocurriendo con esta incipiente tecnología. Una de ellas es Dogecoin, creada en 2013 como un chiste y popularizada recientemente por Elon Musk. Esta criptomoneda no tiene otro valor más que fungir como un estandarte para cuestionar el valor del dinero como concepto. En su punto más alto en abril pasado, llevó a valer $0.71 centavos de dólar. Parece poco, pero es mucho para una criptomoneda cuyo único chiste es ser un meme de un perro Shiba Ino. 

“Creo que la volatilidad es muy interesante desde un punto de vista filosófico”, añade García, de Espacio Cripto. “En este momento, el mundo de las criptomonedas es como una Torre de Babel en la que cada quien tiene su idioma”. En lo que se alcanza una lengua común que muchos creen que será Bitcoin, obtener ganancias o pérdidas de hasta triple dígito al invertir en criptomonedas es, como dicen coloquialmente, un volado. 

El efecto Bukele

A finales de mayo, Nayib Bukele, presidente de El Salvador, mediante una videoconferencia hizo un anuncio revolucionario durante la convención Bitcoin 2021 en Miami: el país centroamericano adoptaría al Bitcoin como una moneda de uso legal. 

El parlamento salvadoreño, controlado por el partido Nuevas Ideas al que pertenece el presidente, aprobó la llamada Ley Bitcoin de manera exprés unos días después. En ella, se declara que todo agente económico con la tecnología necesaria estará obligado a usar el Bitcoin como forma de pago. 

De inmediato, los maximalistas de Bitcoin y entusiastas del cripto, principalmente extranjeros de Estados Unidos y México, celebraron la Ley y el liderazgo de Bukele, quien compartió la ley redactada en un tuit en inglés y en español. El hecho fue histórico; El Salvador se convertía en un laboratorio global para el funcionamiento de la criptomoneda en sustitución del dólar. 

En el año 2000, tras décadas sumido en crisis financieras e inestabilidad política, el país centroamericano decidió dolarizarse para preservar su estabilidad económica. Para muchos partidarios del Bitcoin, que El Salvador se despegue del dólar significa mitigar el riesgo colateral de la inflación que se espera tras la impresión de miles de millones de dólares para rescatar a la economía estadounidense durante el año de pandemia.  

Además de la adopción del Bitcoin como moneda legal, Bukele ahora ofrece incentivos para minar la criptomoneda mediante electricidad generada por volcanes. Con esta propuesta frena las críticas de algunos opositores del Bitcoin, pues minar la criptomoneda a nivel global requiere casi la misma energía que consume Noruega o todos los centros de datos del mundo.

En las últimas semanas, El Salvador ha recibido delegaciones de “embajadores” del Bitcoin que ven un potencial enorme en el experimento nacional: desde Jack Mallers, CEO de Strike, una fintech de pagos y remesas que utiliza la tecnología secundaria de Bitcoin y con quien Bukele se ha aliado, hasta directivos de Bitso y representantes de otras empresas que buscan los permisos necesarios en el país para poder operar en él.

Quizás haya mucho escepticismo sobre el éxito del experimento de Bitcoin como medio de pago en El Salvador, pero es una master class en relacionamiento público para atraer inversión internacional.

En un conversatorio ciudadano ocurrido en Twitter el 16 de junio, varios salvadoreños expresaron su inconformidad ante la imposición del Bitcoin en su país. Hablaron, entre otras cosas, sobre la poca información que reciben al respecto. “Nos enteramos en un espacio como este (Twitter Spaces) que el presidente informó, en inglés, sobre un fideicomiso para cubrir los pagos con Bitcoin que los ciudadanos no quieran o puedan recibir. Pero a nivel gubernamental no han compartido nada”, expresó la moderadora.

Y a pesar de que instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional también han expresado su preocupación por problemas legales y económicos que tendría la Ley Bitcoin en El Salvador, lo que ha ocurrido en aquel país ha inspirado la posibilidad de una adopción similar en México. 

Avances en México

Simón Levy, director de la organización EsPosible y exSecretario de Turismo del Gobierno Federal, redactó una propuesta inicial con criterios básicos para una Ley de Criptomonedas en México. Busca complementarla con el apoyo de “especialistas en tecnologías de la información, economistas, matemáticos, filósofos y especialistas en criptomonedas” antes de presentarla al Congreso como propuesta ciudadana. 

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Levy, que recientemente fue nombrado como Vicepresidente y próximo Presidente de Operaciones Internacionales de la red de Smart Cities también promueve una cooperativa digital para lanzar salas digitales y físicas de NFTs con artistas mexicanos. Asegura en entrevista que en la propuesta de Ley “no se está promoviendo la adopción del Bitcoin sino la descentralización”. Entre otras cosas, la iniciativa impulsa el reconocimiento del uso legal de una blockchain pública para trámites notariales. 

“La descentralización es el presente”, menciona el ex funcionario. “Por eso, las criptomonedas o valores digitales descentralizados también son el presente y servirán para darle certeza absoluta a todas las transacciones humanas, desde las financieras hasta la habilitación de trabajo”.

Si bien el propio Levy ha expuesto en sus canales de Telegram y Twitter su incompatibilidad con figuras como Ricardo Salinas Pliego (lo ha llamado “populista de derecha” y “déspota ilustrado”), ambos coinciden en que la centralización del poder del mundo como lo conocemos tiene que cambiar.

En aquel tuit donde reveló su portafolio de inversión, Salinas Pliego añadió esta frase: “El Bitcoin protege al ciudadano de la expropiación gubernamental”. El cripto es la mejor alternativa que él, Levy y los millones de criptoentusiastas tienen para hacerlo. Como menciona García, de Espacio Cripto: “Si no es con cripto, ¿cómo?”.

Una versión de este artículo se publicó en la edición trimestral digital de MIT Sloan Management Review México Verano 2021.

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