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Liderazgo 2022

Alan Ramírez Flores 10 Jun 2022
Liderazgo 2022

El autoconocimiento de un líder se ha vuelto pieza clave para reimaginar cómo encabezar una organización.Te comparto lo importante que es tomarte un tiempo para redescubirte y generar un mejor entorno laboral.


Tras una crisis, como la pandemia mundial de COVID-19, se transforma profundamente la manera de gestionar y liderar los equipos de trabajo. Se presuponen adaptaciones cruciales para generar la resiliencia institucional y de las partes interesadas.

A la par, los cambios en el mercado como las nuevas expectativas y necesidades, digitalización y crecimiento exponencial de soluciones tecnológicas como Inteligencia Artificial, Aprendizaje Acelerado, Big Data y otras, imponen la agilidad de soluciones en cualquier organización.

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De manera simultánea aparece en el panorama laboral la Gran Decepción o profundos cambios en la mentalidad de los trabajadores que se vuelven más conscientes de la manera en la que emplean su tiempo y las causas por las cuales trabajan. El abandono de significativas plazas de trabajo en las economías desarrolladas como Estados Unidos, nos hacen enfocarnos en motivaciones que vuelvan el actual puesto laboral digno del talento, recursos, esfuerzo. De no ser así, simplemente lo abandonan.

Aunque en algunos países la renuncia es cuantificable y tangible, en las economías en vías de desarrollo se presenta un fenómeno análogo e igual de perjudicial: se elimina el compromiso e interés en las tareas a desarrollar. El compromiso se pierde.

Bajo este contexto, se requiere reformular el concepto de liderazgo corporativo para mantener la fuerza y vigencia de una empresa. Se requiere un nuevo liderazgo para responder a los intereses de nuestros públicos.

¿Cómo es el liderazgo que debemos impulsar?

Para decirlo de manera simple, se requiere uno consciente de la propia mentalidad. Después de todo, esto es lo que determina acciones y decisiones y guía a toda la organización.

Ahora, develar las mentalidades subyacentes implica un gran trabajo introspectivo para localizar las propias fortalezas, poner pausas, generar confiabilidad, impulsar la esperanza y aceptar lapsos de recuperación. Esos son los ingredientes del liderazgo contextual o apto para todo tipo de entornos, incluso los más complicados.

Detectar las fortalezas propias. Descubrir las propias fortalezas en un juego de inmersión a través de nuestros gustos, divertimentos y destrezas. Implica tener presentes los juegos preferidos que teníamos de niños,  los pasatiempos predilectos cuando éramos adolescentes y los trabajos a lo largo de nuestra vida que mayores significados tuvieron para nosotros.

La autorreflexión sobre las fortalezas es el primer paso. Posteriormente aparece el reto:  integrar las fortalezas en nuestro trabajo diario. Tener consciencia sobre las fortalezas nos permite afrontar el día a día con mayor poder, energía y disfrute.

También tiene implicaciones muy positivas para todo el equipo de trabajo: “contagia” la inspiración y genera creatividad y positivos cambios.

Poner pausas. El alto estrés, a medida generado por altas métricas de cumplimento en las organizaciones, desencadenan reacciones de luchar, huir o congelarse. Cualquiera de las tres bastante inconvenientes en el ámbito laboral. Lo más conveniente ante un problema o crisis es establecer una pausa, reflexionar y administrar.

Tales acciones eliminan o disminuyen el corazón acelerado, nudos en el estómago o incluso náuseas.  Permite reflexionar sobre nuestros miedos reales, pero también sobre lo que es más importante para ti, las creencias que se tienen sobre esta situación, sobre nosotros mismos y sobre los demás. Incluso permitirá revaluar qué está en juego para nosotros aquí o si existe algún deseo o necesidad más profunda.

Pausar nos permite pasar de una mentalidad de evitación de amenazas a una de resolución de problemas.

Generar confianza. Los líderes necesitan una comunidad de partidarios para lograr metas audaces. Sin embargo, cada persona mira la confianza de distinta forma. El sólo hecho de asumir esta realidad nos permite “adaptar”, aunque de manera inconsciente, nuestro comportamiento a un interlocutor específico.

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Los “ingredientes” universales de la confianza son éstos:

  • Fiabilidad. No hacer compromisos que no pueda cumplir, aclarar las expectativas y cumplir las promesas.
  • Congruencia. El lenguaje y acciones están alineadas con el propio pensamiento y verdaderos sentimientos.
  • Aceptación. Retener el juicio o la crítica y separar a la persona de la actuación.
  • Apertura. Expresar las intenciones y hablar claro. Ser honesto acerca de las limitaciones y preocupaciones.

Infundir esperanza. Lo único que impulsa a los líderes a realizar visiones audaces sin precedentes es la esperanza. Es el contrapeso del miedo que paraliza.  Esta aparece con estas preguntas introspectivas después de haber detectado cuál es el problema, posibles causas, incidencia directa en nuestra área de influencia y consecuencias probables:

¿Qué le gustaría ver (y hacer) que suceda?, ¿Cuáles son los pasos más pequeños que harían la mayor diferencia? El primer conjunto de preguntas es ideal para resolver problemas técnicos, a menudo provoca reacciones defensivas y  a menudo genera agotamiento. Por el contrario, en el segundo bloque de interrogantes se genera animación, curiosidad y compromiso.

Paradójicamente, tendemos a usar el primer conjunto de preguntas con más frecuencia. Estas se centran en el problema y funcionan bien para cuestiones técnicas y lineales que tienen respuestas “correctas”. Pero a medida que los desafíos se vuelven más complejos, debemos desarrollar instintos centrados en la solución, empoderar e involucrar a otros, infundir deliberadamente esperanza.

En sí, al elegir nuestras preguntas cuidadosamente, podemos cambiar nuestra mentalidad de “existen problemas que deben resolverse” a “existen soluciones e ideas por descubrir”. El enfoque puede generar esperanza.

Tiempo de recuperación. Asumimos mitos milenarios y peligrosos, como que el triunfo debe anteceder al trabajo duro y al sufrimiento. Creemos que solo los holgazanes se toman un tiempo libre durante el día. Que las jornadas deben ser tortuosas.

Sin embargo, esto sólo conlleva al agotamiento y “paralización” de ideas. Es conveniente encontrar pausas dos veces al día (mañana y tarde) para recuperarnos. Existen cuatro fuentes para ello:  actividades físicas, mentales, emocionales y espirituales. A veces sólo bastan 10 minutos para generarlas.

Por supuesto, la gestión de la energía no es necesariamente una actividad solitaria, a veces conviene extenderla a los miembros del equipo.

Ahora, practicar la recuperación regularmente ayuda a pasar más tiempo en alto rendimiento.

En sí, comprender y cambiar las mentalidades que gobiernan nuestras acciones conforman el nuevo liderazgo. La misión es cambiar lo que aún no existe, como establecer nuevas mentalidades para trabajar, interactuar y crear. Después de todo, el liderazgo es la magia de crear: ideas, soluciones, productos, sinergias, gestiones, enfoques…


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