El programa enfrenta cuellos de botella municipales y falta de infraestructura, lo que demanda que el liderazgo federal coordine soluciones expeditas.
Interesante —y necesario— el viraje hacia el diálogo entre gobierno, legisladores y la iniciativa privada. “Ya no hay fifís y chairos”, dijo un empresario al salir del encuentro de la semana pasada. Más allá de la frase, el fondo importa: hay disposición a construir acuerdos en un tema crítico, la vivienda.
La reunión, convocada por el diputado Alfonso Ramírez Cuéllar y moderada por Alejandro Carvajal, con participación académica de la UNAM, permitió a la titular de Sedatu, Edna Vega Rangel, presentar el diagnóstico y los avances del programa.
Las cifras son relevantes: 5.8 millones de personas han superado el rezago habitacional desde 2018; la meta es ambiciosa, 1.8 millones de viviendas nuevas —1.2 millones del Infonavit, 500 mil de Conavi y 100 mil del Fovissste—. Hoy, 389 mil viviendas ya están formalizadas y se prevé sumar 400 mil más este año.
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El avance es real, pero enfrenta obstáculos
El recuento de la Secretaría muestra una estrategia que busca ordenar la producción de vivienda con mejores estándares: espacios dignos, servicios básicos, ubicación adecuada y cercanía a empleo y transporte.
También hay un esfuerzo por generar reservas territoriales con estados y municipios, además de alianzas con desarrolladores privados.
El discurso es sólido. El problema aparece en la práctica. Los desarrolladores pusieron sobre la mesa tres obstáculos persistentes: la descoordinación municipal, la excesiva tramitología y la falta de infraestructura básica. No son temas nuevos, pero sí cada vez más urgentes.
Municipios: el eslabón débil
En la práctica, el mayor cuello de botella está en los gobiernos locales. Hay municipios que no sólo no agilizan, sino que frenan.
La falta de alineación en objetivos y tiempos genera retrasos, sobrecostos y, en algunos casos, inviabilidad de proyectos.
La vivienda del Bienestar —y la vivienda en general— no puede depender de ventanillas fragmentadas ni de criterios discrecionales.
Se requiere que la conducción del gobierno federal ordene y homologue procesos para el avance de aquí al resto del sexenio del programa y de la industria en general.
Infraestructura: la alerta roja
El señalamiento más delicado no es burocrático, es estructural: agua y energía. Desarrolladores lo dijeron sin rodeos: en muchas zonas del país ya no hay disponibilidad real de agua. Sin este insumo, cualquier plan de expansión habitacional es insostenible.
Lo mismo ocurre con la energía. La vivienda no puede entregarse sin garantías de abasto eléctrico suficiente. Este punto exige coordinación directa con Conagua y CFE, pero, sobre todo, planeación territorial de largo plazo. Construir sin asegurar servicios es repetir errores del pasado.
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La mancuerna necesaria
La Secretaría ha insistido en que el programa no busca desplazar al sector privado, sino complementarlo. Es la ruta correcta. La industria puede aportar suelo, experiencia y velocidad de ejecución; el gobierno, certidumbre, reglas claras y coordinación.
Pero esa mancuerna sólo funcionará si se traduce en incentivos reales y en decisiones operativas. Hoy, incluso la vivienda fuera del programa enfrenta el doble de trabas para avanzar. Eso desalienta inversión y limita la oferta.
Por cierto
El balance del encuentro es positivo por el acercamiento, pero demanda respuestas rápidas. La expectativa es clara: pasar ahora del diagnóstico a la acción.
Se requieren mesas de trabajo con resultados medibles y, sobre todo, que el liderazgo federal destrabe lo esencial:
– Agilización de trámites municipales con reglas homologadas,
– Garantía de agua con participación de Conagua,
– Certidumbre energética con CFE,
– Y una verdadera bolsa de suelo bien localizado y asequible.
El programa avanza. Pero sin coordinación efectiva con municipios y sin infraestructura asegurada, el riesgo es que el esfuerzo se diluya.
La vivienda no sólo se construye con metas; se vuelve habitable con servicios, gobernanza y ejecución. Ahí es donde está la prueba de fuego.
PREGUNTA
¿Cómo beneficia el programa del Bienestar a la industria?
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Mariel Zúñiga
Periodista y conferencista Directora de Multimedia En Concreto y fundadora de Mujeres Líderes por la Vivienda (Muliv). Participo en conferencias con Universidades y organizaciones de la IP y del mercado inmobiliario. Especializada en negocios conozco los real estates, la vivienda y la construcción e infraestructura como parte de mi formación periodística de 3 décadas. Mi objetivo: Lograr una comunicación eficiente del mundo inmobiliario.y recibe contenido exclusivo


