Nuestros sitios
Ver edición digital Título de la edición actual
Compartir

El poder de tu ideología

El poder de tu ideología

El miedo y la esperanza son lo que nos mueve. Si ya caíste en cuenta, ¿cómo piensas propagar esa flama de cambio que necesitas? Recuerda: Siempre es mejor ser activista y abanderado de una ideología a tu favor.


¿Por qué te gusta o te disgusta el lugar donde trabajas? ¿Por qué te sientes orgulloso de ser mexicano, o español o argentino? ¿Por qué defiendes tu movimiento, religión o presidente? ¿Por qué duele el amor?

Dicen los físicos que vivimos en una nube de electrones. Realmente lo que percibimos como sólido a nuestro alrededor es como una nube. No nos damos cuenta, pero… si por un momento fuéramos Ant-Man y nos hiciéramos pequeños, veríamos al núcleo de un átomo como un frijol.

Lo difícil sería encontrar algún electrón girando alrededor de ese “sol” como nos enseñó Miss Lolita, porque sería del tamaño de una pulga y estaría por ahí brincando libre en un espacio del tamaño de un campo de futbol.  ¿Imaginas eso? Ni Ant-Man podría encontrar esa pulga.

El liderazgo punk de Mr. Tempo

Si “masticamos” esto por un rato, nos preguntaremos. ¿Qué hay en medio del frijol (núcleo) y la pulga (electrón)? ¿Energía? ¿Nada? Y con tanto espacio en medio, ¿cómo podemos ser sólidos? ¡Estamos hechos de espacios sin nada!

¡Bienvenido a una ventana ideológica! Lo que acabo de describir no es falso, lo puedes corroborar en Wikipedia o con tu tío el ingeniero. Incluso puedes consultar fuentes científicas serias y encontrarás información semejante.

Pero, a menos que tengas acceso a un microscopio de efecto túnel, no podrás ver esas partículas subatómicas con tus propios ojos. Tu otra opción es que tengas conocimiento suficiente para que por métodos indirectos puedas constatar con demostraciones muy abstractas lo antes descrito. Pero el 99.99999% de la población del mundo, si estuviera interesada y quisiera corroborar, lo haría a través de una autoridad, una que tuviera el estatus de “sí saber”.

De igual forma pude hablarte de la creación del mundo, del por qué es injusto el trato al grupo étnico al que perteneces, de por qué el mundo es plano o redondo, y basarías tu opinión en atajos que toma la mente. A uno de esos atajos se le llama justamente “la ley de autoridad” en persuasión.

“¿Hablarme de que el mundo es redondo? Pero si eso es obvio… en Google Earth puedes ver que es redondo, desde la primaria nos enseñaron”. Poca gente encontrarás que sepa o que quiera comprobar por sí misma con sombras y trigonometría sencilla el radio de la tierra como Eratóstenes en 240 a.C. 

Lo cual significa que estás viviendo este concepto en un sistema de creencias: una ideología. Un grupo de ideas que se agrupan con una lógica particular. Esa lógica puede no ser racional, casi nunca lo es.

Tu sistema de creencias fue creado por alguien más. Tus palabras más sagradas y lo que significan, piensas que son tuyas, pero pocas veces te preguntas de dónde provienen realmente. Son ya parte de lo que crees que eres.

 “¡Tonto! ¡Mentiroso! ¡Tú qué sabes!” Me podrás maldecir e incluso me puedes llegar a agredir físicamente si cuestiono algo que consideras real y parte de tu identidad. ¿Te suena familiar? Seguro que tienes palabras (etiquetas) que suenan muy sofisticadas, que describen algo en tu ideología y a los que se le oponen. Puede haber incluso instituciones poderosas y con muchos recursos financieros y humanos “racionalizando” creencias, estudiándolas como grandes verdades.

Síguenos en Google Noticias para mantenerte informado 

Date cuenta cómo entre más sagrado sea algo, más tiene que ver con una creencia. Y ni siquiera me voy a meter en las cosas sagradas para la ciencia, porque me pueden cancelar. Mejor, te pongo este ejemplo más mundano: El amor es una creencia.

Eva Illouz, estudió literatura y sociología en la Universidad de París X-Nanterre. Tiene un master en la Universidad hebrea de Jerusalén y un doctorado en la Universidad de Pennsylvania (supongo ya te diste de cuenta que te lo digo para que le creas). Illouz escribió un libro que se llama Por qué el amor duele.

Todos hemos tenido sufrimientos que debemos al amor: nos han dejado, engañado, ignorado, o hemos soñado con una persona especial que nos ame, pero que no está ahí esperándonos cuando regresamos a casa.

Y a pesar de lo generalizado de estas experiencias, solemos creer que estas dificultades son resultado de problemas personales, de un trauma infantil o de nuestra propia inmadurez, lo que casi siempre termina por producir dolorosos mecanismos de autoinculpación.

Eva Illouz se vale de obras literarias, revistas femeninas, sitios de Internet, entrevistas, para brindar un análisis que cambia radicalmente nuestra manera de pensar el amor. El problema, dice la autora, reside en la naturaleza de las fuerzas sociales e institucionales características de la modernidad que modelan la forma en que amamos y determinan la elección de pareja.

En esa misma lógica podemos encontrar nociones de que el amor romántico “duele distinto” en diferentes épocas y lugares. El sistema de creencias alrededor del amor se ha transformado y hay evidencias que van desde La Ilíada, pasando por El Quijote, luego Orgullo y Prejuicio y deteniéndonos en Madame Bovary. Observaremos distintas maneras generalizadas de sentirlo.

Pero, puedes retar aún más el significado del amor como lo concibes. Reta esta creencia: “Si no te es fiel, no te ama”.

Seguramente sabes de culturas actuales donde se practica la poligamia. La imaginamos lejana y “árabe” sin darnos cuenta de que en Estados Unidos hay lugares que la permiten y de que en nuestro propio país debe haber pueblos con usos y costumbres que la avalan. ¿Ahí no cabe el amor? 

Y la poliandria (una mujer, varios hombres), ¿es “mala”? ¿Acaso existe? Entre los inuit, los awas, los musuo, los tibetanos, los masai y otros más, es común y no implica “poco amor” para ellos. Es simplemente un sistema diferente, como en tu sistema comer picante es delicioso y en Japón lo es el zaza-mushi. ¿Le has dado a probar un tamal a un neozelandés? Yo sí, y no te platico lo que hizo.

Hoy, más que nunca, debemos acercarnos a comprender el proceso mediante el cual las ideologías se difunden. Debe darnos risa las conversaciones que tienen los “expertos” en política cuando hablan de tal o cual presidente populista y de todos los datos duros que prueban que están haciendo mal su trabajo.

No es que estén equivocados en esos números. Es que lo que hacen equivale a que retar a un cristiano o un musulmán sobre las métricas espirituales o a ti sobre lo que es realmente el amor. Tú sabes lo que es el amor y nadie te va a venir a contar; porque lo sientes.

Estamos hablando de un sistema de creencias que se formó por una convicción que nació de las necesidades y deseos de un grupo. Siempre perteneceremos a un grupo. Y si bien las necesidades más fundamentales son fisiológicas y de seguridad, el resto son creencias; y estas son, por definición, irracionales.

Es importante que comprendamos que por irracional que sea votar por alguien o tener un jefe del que depende toda tu vida e ingreso, tiene una lógica. Le podemos llamar logique de coeur (lógica del corazón) como le llamaba Blaise Pascal.

Esta se basa principalmente en lo que deseamos y no tenemos. Y eso es algo muy legítimo. Deseamos no tener miedo, y deseamos una esperanza. Deseamos no sufrir. Deseamos muchas cosas que no tenemos. Pero al hacerlo no nos percatamos de que, en medio de esos deseos, hay alguien que nos manipula, que detecta que un grupo “necesita” algo, y ese alguien lo suple con una narrativa; una historia de héroes y villanos.

Transformación digital: cómo lograrla con mentalidad de liderazgo

En ese storytelling envuelve a los demás con metas y logros simbólicos mediante los cuales el grupo puede desahogar su frustración y mitigar sus ansiedades, aunque no necesariamente se beneficie con hechos fuera de lo simbólico.

Sin embargo, por maquiavélico que suene, no debemos satanizar ni a las ideologías ni a quienes las promueven. Por el contrario, no queda otro camino que adorarlas. Cualquier ideología es útil para un grupo de personas que quieren un cambio. ¿O cómo crees que se formaron las naciones?

“Date cuenta. Una nación es solo una idea, entendamos que no es una cosa de Dios, es solo una idea, si inviertes cierta pasión en esta idea, la nación se vuelve fuerte. Cuando te avergüenzas de ser quién eres, ¿cómo habrá pasión al respecto? Por primera vez estamos teniendo un liderazgo que se apasiona por lo que somos, esto es muy importante, esta es una cultura de más de 12,000 años que es tan compleja que no puedes ponerla en un simple análisis lógico donde normalmente pones a otras sociedades porque es demasiado compleja, necesita un liderazgo muy orgánico…”

Lo anterior lo dijo el poderoso influencer mundial y líder espiritual de la India, Sadhguru. Un experto en ideologías y en cómo propagarlas. Observa cómo la mitad de su aseveración es la descripción de una realidad: “una nación es solo una idea”. La otra mitad es justa la forma en que se induce a un sistema de creencias.

En El Libro Negro de la Persuasión se analizan 23 leyes que mueven las voluntades. Todas ellas son utilizadas ya por quienes entienden el poder de los sistemas de creencias. No todas las ideologías tienen que ser macro movimientos sociales.

En tu trabajo hay un sistema de creencias. Si es una empresa muy moderna y exitosa, contará con una fabulosa cultura de éxito y superación. De responsabilidad social. De inclusión y diversidad. Todo ese sistema, si está bien diseñado, hará que te sientas que estás en el lugar correcto, en el mejor lugar para trabajar. Ese sistema de creencias te será contagiado desde que eres elegido, porque notarán que tienes “eso” que encaja con los valores de la empresa.

“En esto creemos…”, literalmente lo dirá su página web. “Nosotros creemos que el futuro está en…” “Esta es nuestra misión…”. Y un potente slogan interno (only members), que hace juego con el tagline externo, afianzará tu creencia en estar en el sitio adecuado y luchar por él.

Sé que todo suena irónico, pero no lo tomes así. Es simplemente necesario y ninguno de nosotros puede liberarse. Ni los científicos más inteligentes y racionales; esos que construyen tecnologías inimaginables o descubren fenómenos incomprensibles para la mayoría, esos que usan la razón más pura para su trabajo, salen de sus laboratorios y piden algo al “universo”, o votan por el político que les cae bien, o defienden las armas, o insultan en RRSS a personas que no comparten sus preferencias sexuales, o comen deliciosas comidas populares en su cultura y que seguramente tú rechazarías.

No son diferentes a ti ni a mí en lo que se refiere a la lógica de corazón, esa que evade la razón.

El miedo y la esperanza son lo que nos mueve. Si ya caíste en cuenta, ¿cómo piensas propagar esa flama de cambio que necesitas? Recuerda: Siempre es mejor ser activista y abanderado de una ideología a tu favor, siendo consciente de que está hecho mayormente de creencias, porque te regresa el poder de pensar críticamente y de entender cómo funciona algo para emplearlo mejor, desecharlo o combatirlo.

Vivimos en una nube de electrones e ideologías.


Contacto

LinkedIn: Alejandro Llantada

Facebook: Alex Llantada Mx

Únete a nuestra comunidad en LinkedIn

Descarga GRATIS nuestro especial
descargable
Descarga AQUÍ el artículo completo El negocio de hacer el bien ¡Descárgalo GRATIS!
Síguenos en Google News MIT Google News