La baja participación laboral y el menor acceso a ahorro y pensiones incrementan la vulnerabilidad financiera de las mujeres en México. Impulsar su autonomía económica es clave para reducir brechas y dependencia.
La brecha de género en el mercado laboral aún es evidente al observar la diferencia persistente de cerca de 25 puntos porcentuales en la participación de las mujeres en comparación con los varones.
En otras palabras, las mujeres que desempeñan un trabajo remunerado a nivel mundial representan alrededor del 47 por ciento, mientras que los hombres alcanzan un 72 por ciento.
MIT SMR México se financia mediante anuncios y sociosEn México, los datos del estudio Trabajo Decente en México, 2005-2025: Análisis con Perspectiva de Género del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (CIMAD) del IPADE Business School, en colaboración con Afore SURA, muestran un panorama similar en el país: solo 44.2 por ciento de las mujeres participan en el mercado laboral, frente al 73.1 por ciento de los hombres, donde la diferencia se acerca a los 30 puntos porcentuales.
En México, esta brecha parece comenzar desde etapas tempranas en materia de educación y empleo, lo cual se perpetúa hasta el retiro. Aunque el trabajo infantil debería ser erradicado, la realidad indica que 11.5 por ciento de los infantes entre 12 y 17 años trabajan, con mayor prevalencia en el caso de los varones.
Además, entre las personas de 15 a 24 años que están ya en una edad considerada productiva, 23.8 por ciento de las mujeres no estudian, no se capacitan y no trabajan de manera remunerada, mientras que solo 9.4 por ciento de los varones se encuentran en esa situación.
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Estas diferencias impactan también en otros ámbitos, como la presencia de mujeres en puestos de liderazgo: las mujeres ocupan 38 por ciento de las posiciones directivas y apenas 13 por ciento de los asientos en consejos de administración de empresas públicas.
Aún cuando en puestos de entrada hay participación femenina casi de forma paritaria, el porcentaje de mujeres en puestos de decisión y gerenciales se reduce a medida que se escala en la pirámide organizacional hacia la dirección general.
Además, la menor participación laboral podría tener efectos en la vulnerabilidad financiera de las mujeres. La limitada disposición de recursos económicos propios puede dificultar el ahorro, por lo que requieren contar con seguros o acceder a mecanismos que protejan su bienestar ante imprevistos.
O’Connor y coautores (2019) definen la vulnerabilidad financiera como el riesgo de que una persona enfrente una situación que provoque una pérdida económica capaz de alterar su nivel de vida.
Por ejemplo, perder el empleo o requerir hospitalización sin contar con ahorros suficientes puede comprometer la estabilidad económica. La falta de ahorro, la ausencia de seguros o un endeudamiento excesivo podrían considerarse síntomas de vulnerabilidad financiera.
Si bien suele asociarse la vulnerabilidad económica con la pobreza, no siempre es así: una persona con un ingreso bajo que tiene acceso a un sistema de salud eficiente podría tener menor vulnerabilidad financiera que otra con ingresos más altos pero sin dicha cobertura.
En el caso de las mujeres mexicanas, la investigación Diferencias en el Ahorro evidencia que 62.1 por ciento de las mujeres carecen de cuenta para el retiro, frente a 45.1 por ciento de los hombres, lo que refleja una brecha de 17 puntos porcentuales a favor de los varones.
Al analizar el uso de instrumentos formales de ahorro, los hombres predominan en la mayoría de ellos, lo que confirma la vulnerabilidad financiera femenina, posiblemente relacionada con la menor participación en empleos remunerados. Entre los ejemplos más representativos destacan los depósitos a plazo fijo, donde la brecha alcanza 22.2 puntos porcentuales (38.9 por ciento de las mujeres, frente a 61.1 por ciento de los hombres).
En contraste, las mujeres destacan en ahorro con apoyos gubernamentales, con una brecha de 23.6 puntos porcentuales a su favor (61.6 por ciento de las mujeres vs. 38.2 por ciento de los varones).
Estas diferencias conducen a expectativas distintas entre hombres y mujeres respecto a la forma de sostenerse en la edad avanzada. Mientras 61.1 por ciento de los varones cree que contará con una pensión, jubilación, afore o algún otro mecanismo para solventar su retiro, solo 45.8 por ciento de las mujeres lo considera posible.
En cambio, 57.5 por ciento de ellas espera depender del apoyo familiar o de su pareja en la vejez, frente al 28.5 por ciento de los varones.
La inclusión de mujeres con esquemas equitativos y flexibles, así como con un sistema de cuidados eficiente, impulsará la igualdad y reducirá la dependencia económica de las mujeres de otras personas, promoviendo su autonomía financiera en el largo plazo.
Yvette Mucharraz y Cano es profesora del área de dirección de personal y directora del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección de IPADE Business School.
Karla Cuilty Esquivel es investigadora del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección de IPADE Business School.
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