¿En qué se parecen los chismes a las fake news? ¿Por qué las mentiras se viralizan más rápido que los hechos? ¿Por qué la posverdad pone en riesgo el futuro de la humanidad? Te cuento.
¿¡Qué crees!? ¡Te tengo un chismesote! Te tengo que contar que Donald Trump acaba de dar una conferencia de prensa en la que reconoció públicamente que padece demencia senil, combinada con un TDAH en una etapa avanzada, lo que lo ha llevado a tomar decisiones absurdas durante su segundo periodo como presidente de Estados Unidos (EU).
MIT SMR México se financia mediante anuncios y socios“Me disculpo, de todo corazón, con cada una de las personas del planeta por el daño que pude ocasionarles”, dijo y anunció su renuncia inmediata al cargo.
Me imagino tu cara de sorpresa y asombro al leer esto que te cuento. Por supuesto que es una información falsa, pero lo hice como un ejercicio para que puedas darte cuenta de por qué los chismes y las fake news tienen ese atractivo único para todas las personas, lo que hace que se propaguen con mucha mayor facilidad y rapidez que los hechos reales.
Las noticias falsas se propagan en las redes sociales seis veces más rápido que las verdaderas y la probabilidad de que alguien las reenvíe es un 70 por ciento mayor que si fueran ciertas, según una investigación publicada en la revista Science.
¿Por qué? La explicación es sencilla y, a la vez, sorprendente: este tipo de noticias suelen estar diseñadas para provocar emociones intensas, como la sorpresa y el enojo, dos ingredientes que funcionan como combustible para que la gente las siga compartiendo sin pensarlo.
Emilio J. González, profesor de Economía en la Universidad Pontificia Comillas, lo explica muy bien en un artículo: La dinámica no es tan diferente a lo que pasa con los chismes. ¿Alguna vez has sido víctima de uno? Seguro recuerdas la rapidez con la que se esparcen, cómo de repente todos parecen saber algo que ni siquiera es cierto. Y es que lo emocionante, aunque no sea verdad, se vuelve irresistible para compartir.
Al final, las fake news operan con la misma lógica: no necesitan ser verdad, sólo necesitan hacer ruido.
“La falsedad viaja como un rayo, mientras que la verdad gotea como la melaza”, dice Sinan Aral, profesor del MIT.
Fake news y viralidad: ¿Por qué amamos las mentiras?
La manera en que las mentiras se viralizan y las tomamos como verdades sin cuestionarnos, sin investigar la fuente, nos ha traído a la era de la posverdad, que no es más que la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.
Fue la palabra del año en 2017, según el prestigioso Diccionario de Oxford. Además, ha sido utilizada para tratar de explicar el instinto y la sensación anti-establishment que catapultó a Donald Trump a la presidencia de EU en dos ocasiones e hizo ganar la opción del Brexit en Reino Unido, que salió de la Unión Europea.
La posverdad es el fenómeno que hoy enmarca el desorden de la comunicación en política, religión y, por supuesto, en los negocios. Su principal consecuencia es que provoca una creciente desconfianza en lo que dicen y hacen las instituciones, en especial el gobierno, las empresas, los medios de comunicación y hasta las Organizaciones No Gubernamentales.
Esta desconfianza se convierte en algo peor: un sentimiento de agravio que afecta ya a 61 por ciento de la población mundial, según el Edelman Trust Barometer 2025, lo que se define como una creencia de que el gobierno y las empresas les hacen la vida más difícil y sirven a intereses estrechos, y que la gente rica se beneficia injustamente del sistema.
Los “chismes” cibernéticos y las mentiras que compartimos sin verificar información ponen en riesgo el futuro de la humanidad. Como advierte el historiador de la Universidad de Yale Timothy Snyder:
“La posverdad es el prefascismo… Abandonar los hechos es abandonar la libertad. Si nada es verdadero, nadie puede criticar al poder porque no hay ninguna base sobre la cual hacerlo. Si nada es verdadero, todo es espectáculo”.
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