Nadie te presta dinero cuando tienes muy poco, pero si varias mujeres se juntan y confían unas en otras, ocurre la magia del crédito grupal que se convierte en la semilla de muchos negocios.
Dominga Hernández tiene 61 años y 11 hijos. Vive en Santo Tomás, Ajusco, en la alcaldía de Tlalpan, en la Ciudad de México, una zona con rezagos sociales y problemas de acceso a la seguridad social y a la educación. Tiene un pequeño negocio de venta de comida para perros, el cual no podría sostener sin acceso a un crédito.
Pero ella no es alguien a quien puedan prestarle los bancos tradicionales. Sus argumentos son muchos: no tiene propiedades o activos para dejar en prenda, un riesgo que no pueden asumir; atender préstamos pequeños requiere la misma o más infraestructura que uno grande, lo que los hace poco rentables; la ausencia de comprobantes de ingresos o historial en el buró tradicional “ciega” a los algoritmos bancarios comunes.
MIT SMR México se financia mediante anuncios y sociosHace 35 años, cuando nació la semilla de lo que hoy es Grupo Gentera, existía la creencia de que “los pobres son pobres por flojos” y que “no iban a pagar”, explica Iván Mancillas, director general de Compartamos Banco, pero lo que hacían, aclara, era ignorar el problema: la falta de oportunidades.
Con el modelo de crédito grupal se destruyó este mito. Este tipo de financiamiento se basa en la solidaridad: grupos de mujeres (normalmente de 10 o más) se unen para solicitar un préstamo. Si una no puede pagar, el grupo la respalda. Esto genera un tejido social de apoyo, no solo financiero.
“La única garantía es que te dijeron que iban a pagar entre ellas… y las personas sí pagan si confías en ellas, porque es la única oportunidad que tienen y la van a honrar”, afirma Iván.
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Dominga forma parte de un grupo que se llama Génesis, en Santo Tomás, junto a otras mujeres que tienen un crédito grupal con Compartamos, a partir del cual cada una de ellas invierte en sus propios negocios.
Como Alejandra Mateo, quien trabaja en un transporte escolar y vende ropa entre sus grupos de amigas y conocidas, con lo cual puede sacar adelante a sus tres hijos. O como Alejandra Romay, quien vende suplementos nutricionales y maquillajes a través de un e commerce.
Ellas son algunas de las más de 4.5 millones de clientes (85 por ciento mujeres), que hasta septiembre de 2025, atendía Gentera, con una cartera de más de 87,000 millones de pesos.
En las crisis, como ocurrió en la pandemia, la empresa siempre priorizó a las personas para que mujeres como Dominga no perdieran su patrimonio, asegura Enrique Majós, director general de Gentera:
“La generación de Valor Total —que es valor social, valor humano y valor económico— es la obsesión de la organización”.
Para Iván, solo se trata de honrar los valores y el propósito con el que comenzó la compañía como ONG en 1990.
“Queremos ser la mejor empresa para México, no de México. ‘De México’ suena a ego; ‘para México’ es para servir”, explica.
Mientras, en estas tres décadas y media, las mujeres han aprendido que es más fácil superar obstáculos —como el de acceder al crédito— al hacer equipo y ser solidarias, al trabajar por el bien común y no solo por el bien de una.
Como dice Alejandra Romay, “hay miles de posibilidades para llegar a tu objetivo, solo que si una no funciona, busca otra, y otra, y otra, y otra, pero siempre cree que puedes hacerlo”.
Porque lo que no pueda una sola, todas juntas lo hacen posible. Dominga sonríe y se reconoce:
“Gracias a Dios, he aprendido a superarme y a sacar adelante el negocio”.
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