Nuestros sitios
Ver edición digital Título de la edición actual
Compartir

Gestión corporativa

Cómo proteger los DDHH en una empresa

Ante los abusos de poder por parte de los gobiernos, los corporativos tienen opciones efectivas que no se limitan a mantener una posición neutral o cortar lazos comerciales.


Mit Sloan 11 Nov 2020
Cómo proteger los DDHH en una empresa

Por Markus Scholz y N. Craig Smith

En 2019, la famosa cotización pública de Saudi Aramco estableció un récord como la oferta pública inicial más grande del mundo, pero probablemente fue un evento decepcionante para su diseñador, el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman: las acciones apenas vieron una tibia demanda fuera de la región. El hecho de que no lograra obtener el nivel de entusiasmo y apoyo mundial que había estado buscando se debió en gran parte a la desconfianza de los inversores respecto a los estrechos vínculos de Aramco con el régimen saudí y al terrible historial del país en materia de derechos humanos.

Por ejemplo, el brutal asesinato en octubre de 2018 de Jamal Khashoggi, columnista del Washington Post, por agentes saudíes en Turquía, provocó, ese mismo año, que varios líderes empresariales de alto perfil se retiraran de la cumbre de inversiones representativa de Arabia Saudita, apodada “Davos del Desierto”. Los CEO de JP Morgan Chase, Black Rock, Google, Uber, Siemens y Glencore, así como la entonces directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, y el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, boicotearon el evento. En años recientes, el gobierno saudí también ha sido fuertemente condenado por sus duras represiones contra disidentes, activistas y clérigos independientes; su explotación de los trabajadores migrantes; y sus ataques aéreos ilegales en Yemen.

El tipo de reacción que deben tener las organizaciones ante los abusos de los derechos humanos por parte de los gobiernos en sus países sede o donde residan sus sucursales, se ha convertido en una de las discusiones más dinámicas e interdisciplinarias en el campo de la responsabilidad empresarial. Se espera cada vez más que las compañías sean proactivas respecto a la protección de los derechos humanos, a medida que las responsabilidades públicas y privadas se desdibujan, y las empresas se vuelven más conscientes de las expectativas de los inversores y las fuerzas laborales con mayor consciencia social. Creemos que denunciar las violaciones a los derechos humanos es lo correcto. Pero cuando una empresa decide posicionarse, ¿qué debe hacer? ¿Las únicas opciones son seguir con el negocio como si nada o romper lazos con un país completamente?

Continuar con el negocio, como de costumbre, en países donde sistemáticamente se abusa de los derechos humanos, plantea evidentes problemas que tienen que ver con la complicidad de las compañías para cometer estas violaciones. Como en otros casos con espectadores pasivos, los gobiernos que participan del abuso pueden incluso sentirse animados si los corporativos no actúan de manera decisiva, interviniendo o abandonando el país por completo. Sin embargo, cortar lazos con cualquier nación también suele ser problemático.

La pérdida de ingresos puede afectar no sólo a la empresa, sino a los ciudadanos de ese país: los trabajadores perderían su empleo, se perderían servicios y productos necesarios, y la compañía abandonaría toda posible influencia de cambio en ese territorio o en los perpetradores.

Como especialistas en ética empresarial, hemos desarrollado marcos conceptuales y normativos sobre cómo se pueden abordar los problemas corporativos, relacionados con los derechos humanos. Gracias a nuestro trabajo e investigación con organizaciones no gubernamentales (ONG) internacionales y con empresas multinacionales que han tenido que lidiar con estas situaciones, hemos encontrado una serie de tácticas -ubicadas en un punto medio entre permanecer al margen o cortar vínculos- que las organizaciones pueden adoptar para abordar eficazmente los abusos de derechos humanos sin abandonar su participación (e ingresos) en la región.

En 2010, Microsoft se dio cuenta de que agentes de la autoridad rusa utilizaban la sospecha de piratería de software como excusa para irrumpir en las oficinas de las ONG críticas con el gobierno. En lugar de ignorar el problema o eliminar todos sus productos del mercado ruso, Microsoft emitió una licencia de software especial para grupos sin fines de lucro fuera de Estados Unidos, con lo cual la piratería no podía funcionar como excusa para las nefastas acciones del gobierno ruso.

Cuando se planteen cómo actuar en tales escenarios, las empresas deben decidir primero si actuarán solas o en colaboración con otras organizaciones. Si bien Microsoft pudo responder rápidamente sola, para compañías pequeñas podría ser más efectivo (aunque más lento) trabajar de forma colectiva con otras empresas o en iniciativas de múltiples partes interesadas, como ONG y gobiernos.

Una vez que se decide el tipo de enfoque (individual o colectivo) de acción, deben decidir si abordarán el tema de manera directa o indirecta para influir en el contexto institucional general con mayor éxito. Entre estas categorías estratégicas encontramos seis tácticas.

Acciones directas

Informar. Ofrecer análisis contextuales, desarrollar documentos de posicionamiento, testificar como peritos o incluso presionar directamente para que los derechos humanos se respeten.

Después del asesinato de Khashoggi, por parte del estado saudí, el director ejecutivo del conglomerado alemán Siemens condenó públicamente la violación a los derechos humanos, e incluso se refirió a la historia alemana para ilustrar las atroces consecuencias de no denunciar el hecho.

En 2018, en colaboración con el Instituto Danés de Derechos Humanos, Nestlé, la compañía de alimentos y bebidas más grande del mundo, desarrolló aún más su programa de capacitación en derechos humanos para empleados, enfocándose en comprender qué son los derechos humanos, cuáles son los desafíos que representan y cuáles podrían ser algunas soluciones prácticas. El corporativo afirma que ya capacitó a 100,000 empleados y apunta a que todo su personal esté capacitado para finales de 2020. Nestlé publicó su programa con la esperanza de inspirar a otras empresas a seguir su ejemplo.

Financiar. Brindar (o retirar) apoyo financiero a políticos, grupos de interés y empresas. Esto puede implicar desinvertir o romper lazos financieros con las partes interesadas que no se alineen con el respeto a los derechos humanos.

El fondo de pensiones noruego (GPFG, por sus siglas en inglés), ha añadido una serie de empresas israelíes a su lista de empresas excluidas, argumentando que estas se benefician de manera indirecta de la violación al derecho internacional y de las violaciones a los derechos humanos que se producen, a través de la ocupación del territorio palestino.

Rechazar. Negarse a participar en reuniones o cumbres empresariales, como se hizo con la cumbre Davos en 2018.

Acciones indirectas

Asumir el desarrollo institucional. Utilizar los recursos del propio corporativo para proporcionar y mejorar la educación en derechos humanos, apoyar el establecimiento o la aplicación de instituciones sociales y políticas bien ordenadas, fomentar la transparencia y salvaguardar una prensa libre. Esta es un área en la que la asociación con otras organizaciones puede resultar particularmente eficaz.

Por ejemplo, en un intento por modernizar el sistema legal de un país y combatir la corrupción, la petrolera noruega Statoil (ahora conocida como Equinor) se comprometió a apoyar un programa de capacitación en derechos humanos, dirigido a jueces venezolanos.

Comprometerse con estándares. Firma -y cumple con- los estatutos y compromisos no obligatorios como el Pacto Mundial de las Naciones Unidas o la ISO 26000 de la Organización Internacional de Normalización. En particular, esta táctica funciona para las asociaciones industriales y las empresas líderes en su campo. Quizá estos compromisos no signifiquen mucho por sí mismos, pero pueden traducirse en acciones significativas bajo la presión resultante del escrutinio de partes interesadas críticas como ONG, empleados o clientes.

Elevar los estándares. Desarrollar nuevos estándares que complementen legislaciones estrictas. Ésta es quizá una de las tácticas más efectivas que pueden poner en práctica los corporativos. Al trabajar colectivamente con otras empresas o partes interesadas, las compañías pueden crear marcos éticos que definan el comportamiento empresarial que se adoptará frente a las violaciones a los derechos humanos.

Tomemos el Acuerdo sobre Incendios y la Seguridad de Edificios en Bangladesh y la Alianza para la Seguridad de los Trabajadores de Bangladesh, iniciativas gestadas dentro de la industria textil, luego del colapso del edificio Rana Plaz,a en 2013, en dicho país asiático que mató a más de 1,100 trabajadores de la confección.

Algunas situaciones requieren una acción más radical y la mejor decisión podría ser interrumpir el negocio en el país correspondiente. Tal es el caso de Chase y otros bancos, que junto con muchas otras empresas, se negaron a hacer negocios con el apartheid de Sudáfrica. En últimos años, Google se retiró parcialmente de China, después de haberle negado al gobierno acceso a datos o correos electrónicos de usuarios críticos del régimen.

Elegir opciones tan drásticas tiene consecuencias potencialmente graves tanto para la empresa como para el país anfitrión. Los corporativos y sus líderes no deben tomar esta decisión a la ligera o por su cuenta. Al final del día, los gerentes no tienen por qué ser expertos en cuestiones sociales y mucho menos en derechos humanos, por lo que los líderes responsables deben incluir múltiples partes interesadas en el proceso de decisión (en este caso extremo y de manera más general) para determinar qué tácticas aplicar y decidir si se romperán lazos por completo o no.

Las tácticas que hemos descrito aquí no se limitan a problemáticas relacionadas con los derechos humanos y también pueden modificarse en respuesta a otras preocupaciones urgentes. Las agendas sociales y ecológicas han evolucionado significativamente en los últimos años, lo que ha generado un amplio reconocimiento hacia las empresas como vehículos para la promoción y protección de los derechos humanos y la justicia ambiental.

La elección del enfoque y la estrategia a utilizar dependerán del contexto y del impacto que tu organización desee generar. En lugar de seguir como si nada frente a claras evidencias de abusos, o riesgos en el contexto de la crisis climática que nos amenaza, los líderes empresariales pueden hacer algo más positivo y convertirse en una fuerza del bien, si toman medidas reflexionadas.

Artículo traducido por Elvira Rosales Abundiz, a partir de: https://sloanreview.mit.edu/article/six-ways-companies-can-promote-and-protect-human-rights/

Acerca de los autores

Markus Scholz ocupa la cátedra de Gobernanza Corporativa y Ética Empresarial de la Universidad de Ciencias Aplicadas para la Gestión y la Comunicación de Viena. También dirige el Instituto de Ética Empresarial y Estrategia Sostenible, y es académico invitado en el Instituto Global de Empresas y Sociedad Hoffmann de la INSEAD. N.

Craig Smith es presidente de Ética y Responsabilidad Social de la INSEAD; director de la Iniciativa de Ética y Responsabilidad Social, parte del Instituto Global de Empresas y Sociedad Hoffmann de la INSEAD; profesor especialista en el Centro de Gobernanza Corporativa de la INSEAD; y miembro del Comité Científico de la agencia calificadora de responsabilidad social Vigeo Eiris. Su libro más reciente (en coautoría con Eric Orts) es The Moral Responsibility of Firms (Oxford University Press, 2017).