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Cultura organizacional

Relación México-Estados Unidos: implicaciones en la elección presidencial estadounidense

2020 ha sido un año que no olvidaremos pronto. Haciendo de lado, por el momento, el caos diario producido por la pandemia de coronavirus, habrá que fijarse en un momento revolucionario que se acerca, programado para el 3 de noviembre: se trata de la elección presidencial de Estados Unidos, la cual tendrá profundas implicaciones en la relación de México con esa nación; además de consecuencias económicas y comerciales de gran alcance para el hemisferio occidental.


Mit Sloan 05 Ago 2020
Relación México-Estados Unidos: implicaciones en la elección presidencial estadounidense

No puede negarse que la conexión entre ambos países experimentó tres años y medio de volátil inestabilidad, desde que Donald Trump asumió el cargo en enero de 2017, situación que ha sacudido a la comunidad empresarial mexicana y ha socavado el dinamismo económico de México. Solamente, desde 2018, cuando se eligió al presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), la agitación de las relaciones pasó de estar en el precipicio de una guerra comercial (como una amenaza en respuesta al control de la migración desde América Central, a través de México) a la ratificación forzada de un tratado, entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC); y el compromiso del presidente Trump para recortar la producción de 250,000 barriles de petróleo por día, facilitando la “holgura” de la producción mexicana, según ocurrió en la reunión de abril de 2020 de la OPEP  y sus aliados.[1]

En 2019, México eclipsó a Canadá, convirtiéndose en el mayor socio comercial de Estados Unidos.[2] Y otra cosa: pocos podrían haber predicho el estado actual de las cosas, con López Obrador, quien realizó su primer viaje internacional, dos años después de su elección, para celebrar una sesión de fotos e impulsar a Donald Trump, cuatro meses antes de celebrarse las elecciones para su posible reelección.

El segundo periodo de Trump

La reelección de Donald Trump, en noviembre próximo, podría presagiar una cercanía continua entre la nueva amistad existente entre AMLO y él; amistad que podría tener fuertes efectos atenuantes contra la probada impulsividad del estadounidense en los asuntos exteriores.

Las posibilidades de una amenaza arancelaria fortuita o el cierre de la frontera, entre otras reacciones, serían mitigadas por esta fortalecida relación, disminuyendo la incertidumbre entre los líderes empresariales que se preguntaban: ¿cuándo podrá caer el próximo alfiler con que se sostenían ambos Mandatarios? Además, los “favores” diplomáticos y económicos, como el acuerdo de la OPEP, presentarían nuevas oportunidades para la colaboración personal entre sendos líderes, a medida que buscan reconstruir sus economías en un mundo posterior a la pandemia global de COVID-19.

Sin embargo, los riesgos para la relación bilateral durante un segundo mandato de Trump son muchos. Es probable que estos peligros se manifiesten en un país más arraigado y nacionalista, después de la pandemia, cuando el estadounidense intente solidificar su legado interno, a través de un reordenamiento económico centrado en la autosostenibilidad; así como duplicar su agenda contra la inmigración.

Ambas problemáticas de Trump conllevan riesgos económicos significativos para México. Las políticas económicas más orientadas hacia el interior podrían obstaculizar la muy necesaria IED (Inversión Extranjera Directa) de Estados Unidos hacia México; además de desacelerar, posiblemente, el comercio. Aunque el recién acuñado T-MEC podría mitigar esta incertidumbre.

Un segundo mandato de la administración Trump, posiblemente impulsaría reformas históricas a la política de inmigración, que podrían afectar a México al continuar desviando decenas de miles de inmigrantes con destino a Estados Unidos, manteniéndolos temporalmente dentro de la frontera mexicana. Esto sólo se sumaría a las ya terribles situaciones económicas y humanitarias que se desarrollan en la frontera norte y la frontera sur del país que gobierna AMLO.

Biden, Presidente

La implicación de una victoria de Joe Biden para la relación entre México y Estados Unidos puede resumirse de manera sucinta en lo siguiente: sería un retorno a la “normalidad”, tal vez con algunas advertencias. Es sabido que Biden tiene amplio conocimiento y está sumamente acostumbrado a las relaciones internacionales, en particular con América Latina. pues fue el diplomático principal del expresidente Barack Obama mientras ostentó su cargo.

El entonces vicepresidente Biden viajó con frecuencia a la región, dirigió la respuesta diplomática y humanitaria de la administración de Obama al Triángulo del Norte, y encabezó el Diálogo Económico de Alto Nivel entre Estados Unidos y México. Una presidencia de Biden seguramente enfocará un precoz, pero importante capital político al restablecer la relación entre los dos países, incluyendo el trabajo de una solución conjunta de inmigración. Sin embargo, gran parte de este debate se centrará en un ámbito más interno: primordialmente en el status de los migrantes que actualmente están en territorio estadounidense, cuestión que generará menos impacto inmediato en lo que refiere a las relaciones con México.

Otros elementos importantes, que probablemente se enfocarán desde el principio en una relación Biden-AMLO, son el comercio, la energía, el medio ambiente, la cooperación, la lucha contra la corrupción y seguridad; todos temas tradicionales y relativamente predecibles para los demócratas, de los que líderes empresariales mexicanos deberían tomar nota.

Con respecto a las negociaciones y el T-MEC, los temas laborales estarán centrados en el comercio, una parte del Tratado que fue fortalecida por los demócratas del Congreso, en una actualización de las negociaciones del acuerdo a principios de este año.[3] La aplicación de la mano de obra es un tema que probablemente obtenga un mayor escrutinio por parte de una administración Demócrata.

Con respecto a la energía y el medio ambiente, con Estados Unidos ingresando nuevamente al Acuerdo de París, dentro de los primeros días de una posible presidencia de Biden, los problemas climáticos volverán a estar en la agenda de la política exterior del país, y tendrán más fuerza que durante el gobierno de Obama. Estos esfuerzos serían una mezcla de elementos buenos y malos, con respecto a las tendencias nacionalistas del presidente López Obrador, en lo concerniente al petróleo y los combustibles fósiles, como lo demuestra la disputa entre la Comisión Nacional de Electricidad y los proveedores de energía renovable,[4] ocurrida el pasado mes de mayo.

Finalmente, la colaboración en la lucha contra la corrupción y la seguridad, enfrentará un renovado interés por parte de Biden, puesto que han sido desafíos tradicionalmente difíciles de resolver, con los que la comunidad empresarial seguramente recibirá ayuda, debido a que afectan directa y negativamente el clima de inversión en México.

Durante el tiempo que Joe Biden trabajó en la Estrategia de América Central, al lado de Barack Obama peleó duramente en favor de la transparencia judicial y las medidas anticorrupción en la región, y aunque en América Central es un juego completamente diferente, estos problemas no pasarán a un segundo plano en la relación de Estados Unidos con México.

Trump o Biden, la estabilidad es primordial

La importancia crítica de la relación bilateral entre México y Estados Unidos, en el clima de negocios e inversiones, permanecerá firme, independientemente de quien ocupe el cargo en la Oficina Oval el 21 de enero de 2021; además, después de la crisis provocada por el COVID-19, el impulso hacia las cadenas de suministro de nearshoring en México hacia su principal socio comercial, es una enorme oportunidad para las empresas mexicanas que ya se está discutiendo[5], y se trata de un movimiento que probablemente sea acelerado por cualquiera que sea la futura administración en territorio estadounidense.

Cuatro años más de Donald Trump, aunque puedan ser volátiles en muchos aspectos, mejorarán si la relación con AMLO continúa su trayectoria positiva actual. Si esta relación “color de rosa” resulta ser corta e insuficiente para darse cuenta de las ambiciones y caprichos de Trump, los empresarios mexicanos enfrentarían otros cuatro años de incertidumbre, tanto en su propia nación como en el extranjero. Biden le daría a México un socio familiar con estabilidad y pragmatismo desde el principio, a pesar de los problemas demócratas tradicionales, tales como las normas laborales y la reforma ambiental, que pueden presentar algunas molestias a corto plazo para la nación mexicana.

Versión al español: Armando Cintra Benítez


[1]https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-04-10/trump-says-u-s-agreed-to-help-mexico-make-oil-deal-with-opec.

[2] https://www.census.gov/foreign-trade/statistics/highlights/top/top1912yr.html.

[3] https://www.pbs.org/newshour/economy/making-sense/these-4-changes-helped-trump-and-democrats-agree-to-the-usmca-trade-deal.

[4] https://www.reuters.com/article/us-mexico-electricity-exclusive/exclusive-renewable-firms-in-mexico-must-contribute-to-grid-backup-cfe-chief-idUSKBN22Y2W8

[5] https://www.reuters.com/article/us-mexico-economy-exclusive/exclusive-mexico-eager-to-lure-firms-from-asia-under-new-trade-deal-idUSKCN24L2KB.