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Gestión corporativa

El cambio climático en el mundo pos-COVID-19

Está surgiendo un consenso internacional en torno a la oportunidad que hoy se nos presenta para crear una realidad radicalmente distinta, construyendo sociedades incluyentes y resilientes, sobre todo para enfrentar el reto más grande para la humanidad, que es el calentamiento global.


Isabel Studer 09 Sep 2020
El cambio climático en el mundo pos-COVID-19

Los efectos disruptivos de la pandemia en la economía son una advertencia de lo que implicará un aumento de la temperatura por encima del límite del 1.5º C, fijado por la comunidad científica internacional para evitar efectos irreversibles en el sistema climático y los costos asociados a sus impactos, respecto de la erradicación de la pobreza.[i]

A diferencia del COVID-19, que puede contenerse con confinamiento, distanciamiento social y eventualmente con una vacuna, una vez rebasado el límite que los científicos han establecido para el aumento de la temperatura, difícilmente podrá reducirse la temperatura, controlar o revertir los efectos del cambio climático.

Puesto que las emisiones de carbono permanecen por años en la atmósfera, llevaría no meses, sino años, revertir el aumento de la temperatura; incluso, es incierto si algunos de los impactos del cambio climático, como el derretimiento de los polos, el aumento del nivel del mar o la pérdida de biodiversidad, sean reversibles. Por ello, los científicos han insistido en que en esta década se reduzcan las emisiones de gases efecto invernadero para seguir una trayectoria que permita alcanzar la meta de no aumentar a más de 1.5º C la temperatura planetaria. Desafortunadamente, hoy ya rebasamos 1º C y, aún con los compromisos del Acuerdo de París, que ha sido ratificado por 189 países, estamos en una trayectoria para alcanzar más de 4ºC a finales de este siglo.

El papel de la empresa

Ante la crisis económica, provocada por la pandemia, las discusiones globales sobre la recuperación verde se han centrado en el papel del Estado como orquestador del rescate económico y social. Poco se ha hablado del papel de la empresa. Antes del coronavirus, las grandes organizaciones enfrentaban una realidad poco favorable en términos de su reputación. A principios de este año, la encuesta realizada por Edelman para medir la confianza en las empresas, señalaba que una mayoría de entrevistados las considera no éticas y al capitalismo como una fuente de problemas más que de beneficios. [ii] El desempleo masivo, la desigualdad patente y las dificultades para reactivar la economía rápidamente, harán difícil que esta percepción negativa pueda revertirse, y quizá se profundice.[iii]

Las empresas, sobre todo las más grandes y globales, no tienen más opción que apostar al largo plazo, tanto por la necesidad de enfrentar los riesgos asociados a la inacción frente al cambio climático, la posibilidad de transformar estos retos en oportunidades y el imperativo de asumir un liderazgo para impulsar esta agenda de supervivencia para sus negocios.

Riesgos. Entre los muchos riesgos que las organizaciones globales enfrentan está la proliferación de leyes, regulaciones y políticas para el cumplimiento con el Acuerdo de París. A pesar de la incertidumbre, más de 70 países ya han adoptado leyes y políticas para cumplir con su compromiso con emisiones de carbono netas cero para 2050; algunos, como la Unión Europea, Canadá, Nueva Zelanda y Corea del Sur han alineado sus planes de rescate y recuperación a sus compromisos climáticos para generar empleos, al tiempo que aceleran la transición a una economía baja en carbono. Esto para no mencionar a las múltiples políticas y programas a nivel subnacional y de gobiernos locales y ciudades.[iv]

Estas acciones gubernamentales encuentran sustento en una opinión pública cada vez más consciente de los impactos y los riesgos del cambio climático. Una encuesta reciente de IPSOS-Mori en 14 países, en ocasión del Día de la Tierra, mostró que el 71% de los encuestados considera que, en el largo plazo, el cambio climático es una crisis tan grave como la del COVID-19; el 65% apoya la recuperación verde para enfrentar la crisis, el 68% está de acuerdo con la afirmación de que los gobiernos defraudarían a sus ciudadanos si no actúan ahora contra el cambio climático, y el 57% afirma que no votarían por un partido cuyas políticas no consideren al cambio climático.[v]

Muchos inversionistas, especialmente de los fondos de pensión y otros orientados al largo plazo, comienzan a desinvertir de los sectores que son fuente de emisiones de carbono. Blackrock, el fondo de inversión más grande del mundo, con 7 billones (trillion) de dólares, anunció en enero de este año que la sostenibilidad estaría en el centro de sus estrategias, que consideraba al riesgo climático uno de inversión y que desinvertiría de rubros que presentaran un alto riesgo, como las productoras de carbón térmico.

Si bien espectacular, este anuncio ya no es atípico en el sector financiero, en donde el cambio climático se entiende como un riesgo que, incluso, puede provocar disrupciones al sistema económico y financiero, aún más severas que las que registramos con la pandemia.  Iniciativas como los Principios de Inversión Responsable, representando a más de la mitad de los inversionistas institucionales, con 83 billones de dólares en activos, y los Principios de Banca Responsable, que incluye a 130 bancos que se alinean a las metas del Acuerdo de París, se están convirtiendo en la norma. 

Otro riesgo se refiere a la fuerza laboral. Muchos empleados de gigantes tecnológicos, como Amazon, Microsfot y Google, han protestado contra la falta de ambición climática de sus empleadores, forzándolos a responder a estas presiones.  Las empresas en industrias intensivas en la generación de emisiones de carbono empiezan a tener dificultades para reclutar al mejor talento o retenerlo.[vi]  A esto se suma el cambio en las preferencias de los consumidores, en particular de los más jóvenes, a favor de productos con una menor huella de carbono.

Finalmente, muchas empresas en sectores con alta vulnerabilidad climática, como el agrícola, el pesquero o el turismo, dependen de la extracción directa de recursos naturales, o de la existencia de ecosistemas y suelos sanos, agua limpia, la polinización y un clima estable. Tres sectores, el de la construcción, agricultura y de bebidas y alimentos, que generan 8 mil millones de dólares de valor agregado bruto anualmente, están experimentando costos asociados a los impactos climáticos, ya sea por la falta de agua, por inundaciones u otras disrupciones que provocan fenómenos meteorológicos a sus cadenas de suministro, su infraestructura física o a las vías de comunicación para la distribución de sus productos.[vii]

Como ha mostrado esta pandemia, la destrucción de la naturaleza también representa un riesgo más alto a la salud, la economía y los negocios. La inacción frente a la deforestación representa un riesgo enorme para los negocios, estimado en 49 mil millones de dólares anuales para 101 empresas, representando un aumento de 20 mil millones de dólares, tan sólo entre 2018 y 2019.[viii]

Oportunidades. Por lo general, la transición hacia una economía baja en carbono se asocia con costos y se tiende a olvidar que también existen muchas oportunidades, sobre todo en el contexto pos-COVID-19. Economistas reconocidos mundialmente, como Joseph Stiglitz y Nicholas Stern, entre otros, recomiendan seis rubros de inversión que pueden generar muchos empleos rápidamente, al tiempo que se alinean con la lucha contra el cambio climático: infraestructura para las energías renovables, readaptación de edificaciones para mejorar su eficiencia, educación y capacitación, conservación y regeneración del capital natural; así como desarrollo rural sostenible y desarrollo e investigación de tecnologías limpias.[ix] 

La eficiencia energética en las edificaciones y en los procesos productivos, tanto dentro de la empresa como a lo largo de la cadena de valor, sigue siendo una enorme área de oportunidad que con frecuencia se ignora. Según la Agencia Internacional de Energía, la eficiencia energética está en el corazón de cualquier estrategia para garantizar un crecimiento sostenible, y es la manera más costo-eficiente para la seguridad energética y la competitividad, mientras se reduce la huella de carbono.[x]

La sustitución de combustibles altamente contaminantes, como el carbón o el combustóleo, y la descarbonización de la electricidad tienen beneficios tangibles, como la rápida caída de los precios de las energías renovables y la mitigación del riesgo por la inestabilidad de los precios de las energías fósiles. Desde 2010, el costo de generación de electricidad con energía eólica ha caido en 39% y de la solar fotovoltáica en 82%, alcanzando un costo promedio global de entre 3 y 4 centavos de dólar por kilowatt hora, comparado con un rango de precios de generación de energía con base en combustibles fósiles de 5 a 17 centavos de dólar por kilowatt hora.[xi]

Las soluciones basadas en la naturaleza también pueden ser una oportunidad para acelerar la transición hacia economías bajas en carbono, pues la reforestación, la agricultura regenerativa y la conservación de otros ecosistemas, como los manglares, pueden contribuir a la reducción de hasta una tercera parte de las emisiones de gases efecto invernadero necesarias para alcanzar la meta del 1.5º C.[xii]

La agricultura y la ganadería, las causas más importantes de la deforestación, pueden convertirse en una solución si se adoptan prácticas regenerativas que, además de evitar la destrucción de los bosques, reducir las emisiones y fijar el carbono en los suelos, permiten aumentar la productividad, la nutrición de los alimentos, la conservación del agua y de la biodiversidad. La fuente más importante de emisiones agrícolas, casi el 70 por ciento, proviene de la producción de carne de rumiantes.

Según McKinsey & Co., si las emisiones derivadas de la producción de carne de res y carnero se contaran como las de un país, serían mayores que cualquier otro, con excepción de China.[xiii] Un cambio en la dieta, así como en el sistema de producción alimentaria para reducir el desperdicio, que representa una tercera parte de la producción, será indispensable para reducir las emisiones agrícolas, que representan una cuarta parte de las emisiones de gases efecto invernadero totales.

Las inversiones en los mercados voluntarios de carbono, que incluyen proyectos de reforestación o de conservación de los bosques, también están surgiendo como oportunidades complementarias a los compromisos obligatorios para reducir las emisiones de carbono de algunas grandes empresas.

La economía circular es el nuevo paradigma de producción, orientado a reducir el uso de los recursos en los procesos productivos y las cadenas de valor de manera más amplia, evitando la generación de desperdicios y garantizando su reciclaje y reutilización. Si se aplica a la producción de acero, plástico, aluminio, cemento y alimentos, este enfoque puede contribuir a la reducción de 45% de las emisiones de carbono que se requieren en 2050 para estabilizar el aumento de la temperatura. Esto equivale a 9.3 mil millones de toneladas de gases efecto invernadero o la eliminación de las emisiones actuales de todas las formas de transporte a nivel global.

Imperativo empresarial

Ya muchas empresas globales han comenzado a integrar los compromisos de cambio climático como un elemento esencial de sus estrategias de comunicación. A través de la iniciativa We Mean Business, 1,282 empresas, con una capitalización de 24.8 billones de dólares, equivalente a un cuarto de la economía mundial, similar al tamaño de la economía de Estados Unidos, han registrado 1,900 compromisos climáticos. Casi 900 de las grandes empresas ya son parte de la Iniciativa Metas Basadas en la Ciencia (SBT, por sus siglas en inglés); es decir, que se han comprometido a establecer objetivos para la reducción de sus emisiones de carbono, de manera transparente, y con base en la ciencia. Walmart ahorró mil millones de dólares en un solo año y evitó la emisión de casi 650,000 toneladas de dióxido de carbono como parte de sus metas basadas en la ciencia. De igual manera, al mejorar su eficiencia energética, Johnson Controls contribuyó a una reducción del 41% en la intensidad de sus emisiones de gases efecto invernadero, con un ahorro de 100 millones de dólares anuales como parte de su compromiso EP100.

No sorprende que 155 empresas, representando 34 sectores, con sede en 33 países, con una capitalización de 2.4 billones de dólares y representando más de 5 millones de empleados, hayan demandado a los gobiernos alinear sus planes de rescate del COVID-19 con las metas climáticas. Entienden que la existencia de marcos de política pública y regulatoria que favorezcan esta transición, como la existencia de impuestos verdes o mecanismos que indiquen un precio al carbono, sean esenciales para reducir los costos de transacción y nivelar el piso de competencia.

No obstante, todavía hay mucho por hacer, ya que 87% de las empresas que reportan al Carbon Disclosure Project (CDP), aún no divulgan sus metas de reducción de emisiones o metas de descarbonización.[xiv] En México, pocas empresas han asumido compromisos concretos y transparentes frente al cambio climático. Sólo seis empresas, Cementos Chihuahua, Grupo Financiero Banorte, América Móvil, Nemak, Orbia (antes Mexichem) y Coca-Cola FEMSA, se han comprometido a la lucha climática vía la iniciativa SBT, pero aún no han establecido metas concretas. Muchas empresas globales, con presencia en México, han asumido estas metas. Será interesante explorar cómo, en el contexto de recuperación económica, estas metas se traducirán en estrategias y acciones en nuestro país.

En suma, la lucha contra el cambio climático y la construcción de sociedades resilientes es ya un imperativo empresarial. Las empresas deberán asumir el liderazgo e influir, con acciones y propuestas, en los planes de recuperación de los gobiernos para que éstos se encuentren alineados a los compromisos climáticos del Acuerdo de París. De no hacerlo, perderán las oportunidades que surgen de una economía baja en carbono y enfrentarán costos crecientes derivados de los riesgos asociados al cambio climático, comprometiendo la viabilidad de sus negocios.

Artículo publicado en la edición Verano 2020 de MIT Sloan Management Review México. Descárgala haciendo clic en:

https://mitsloanreview.mx/management-review/

[i] International Panel on Climate Change, “Global Warming of 1.5°C an IPCC special report on the impacts of global warming of 1.5 °C above pre-industrial levels and related global greenhouse gas emission pathways, in the context of strengthening the global response to the threat of climate change, sustainable development, and efforts to eradicate poverty”, https://www.ipcc.ch/sr15/download/#chapter

[ii] Edelman Trustbarometer, enero 2020,  https://www.edelman.com/trustbarometer

[iii] B. Milanovic, “The Real Pandemic Danger Is Social Collapse As the Global Economy Comes Apart, Societies May, Too”, Foreign Affairs, marzo 19, 2020, https://www.foreignaffairs.com/articles/2020-03-19/real-pandemic-danger-social-collapse

[iv]  J. Duggan, “The Role of Sub-state and Non-state Actors in International ClimateProcesses: Subnational Governments,” Energy, Environment and Resources Department, Chatham House, Background Paper, enero 2019, https://www.chathamhouse.org/sites/default/files/publications/2019-01-23-Duggan.pdf

[v] IPSOS Global Advisor, “Earth Day. How do Great Britain and the World view Climate Change and COVID-19?”, encuesta, abril 2020 https://www.ipsos.com/sites/default/files/ct/news/documents/2020-04/earth_day_slide_deck.pdf

[vi] K. Paul, “Hundreds of workers defy Amazon rules to protest company’s climate change failures”, The Guardian, 28 de enero, 2020.

[vii] D. Waughray y C. Heweijer, “Nature Risk Rising: Why the Crisis Engulfing Nature Matters for Business and the Economy”, World Economic Forum, 2020.

[viii] CDP, “How Corporate Action can Fight Deforestation”, Infographic, junio 2020, https://www.cdp.net/en/forests/corporate-action-infographic

[ix] C. Hepburn, B. O’Callaghan, N. Stern, J. Stiglitz and D. Zenghelis, “Will COVID-19 fiscal recovery packages accelerate or retard progress on climate change?” Working Paper No. 20-02 ISSN 2732-4214, Oxford Smith School of Enterprise and the Environment, 4 de mayo 2020, Forthcoming in the Oxford Review of Economic Policy 36(S1) https://www.smithschool.ox.ac.uk/publications/wpapers/workingpaper20-02.pdf

[x] International Energy Agency (IEA) (2019), World Energy Outlook 2019, IEA, Paris https://www.iea.org/reports/world-energy-outlook-2019

[xi] International Renewable Energy Agency, “Renewable Power Generation Costs, 2019”, Abu Dhabi, junio 2020, ISBN: 978-92-9260-244-4, https://irena.org/publications/2020/Jun/Renewable-Power-Costs-in-2019#:~:text=Electricity%20costs%20from%20utility%2Dscale,respectively%2C%20for%20newly%20commissioned%20projects.

[xii] B. Griscom, J. Adams, P. Ellis, R. Houghton, G. Lomax, D. Miteva, W. Schlesinger, D. Shoch, J. Siikamäki, P. Smith, P. Woodbury, C. Zganjar, A. Blackman, J. Campari, R. Conant, C. Delgado, P. Elias, T. Gopalakrishna, M. Hamsik, M. Herrero, J. Kiesecker, E. Landis, L. Laestadius, S. Leavitt, S. Minnemeyer, S. Polasky, P. Potapov, F. Putz, J. Sanderman, M. Silvius, E. Wollenberg, J. Fargione, “Natural Climate Solutions,”  Proceedings of the National Academy of Sciences Oct 2017, 114 (44) 11645-11650; DOI: 10.1073/pnas.1710465114

[xiii] Henderson, Kimberly, Pinner, Dickon, Rogers, Matt, Smeets, Bram, Tryggestad, Christer, and Vargas, Daniela, “Climate math: What a 1.5 degree pathway would take”, McKinsey Quarterly, April 30, 2020.

[xiv] World Business Council for Sustainable Development, “SOS-1.5. The Road to a Resilient Zero Carbon Future”, June 2020, https://www.wbcsd.org/Programs/Climate-and-Energy/Climate/SOS-1.5