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El tiempo que tardará en reactivarse la economía

Es el momento para que los líderes aprendan de la pandemia y sus compañías puedan soportar una nueva crisis.


Mit Sloan 10 Abr 2020
El tiempo que tardará en reactivarse la economía

Estamos viviendo una ruptura histórica en la estructura económica de nuestra sociedad. La pandemia del COVID-19 ha tenido gran impacto generalizado en Estados Unidos, y los expertos del sector económico y financiero están debatiendo enardecidamente sobre la rapidez en que podrá recuperarse la economía, una vez que estemos “del otro lado” y se hayan moderado los contagios y se hayan mitigado las enormes presiones que la pandemia ha provocado en el sistema de salud. Aunque es demasiado pronto para estimar el impacto económico exacto, es probable que la recuperación total de la actividad económica, incluido el crecimiento del PIB, el empleo y el desempleo, demore al menos un año, y probablemente mucho más.

Un grupo de comentaristas económicos, argumentan que una vez que lleguemos al punto de la estabilización de la atención médica, la economía despegará muy rápidamente, y podremos recuperar rápidamente la actividad económica y las tasas de crecimiento perdidas.

Pero los individuos y las organizaciones deben tener en cuenta que esta visión, tan optimista como parece, a corto plazo, es potencialmente peligrosa con referencia a la planificación a largo plazo, por cuatro razones. La primera es que se subestimarán los impactos negativos en el consumidor, como el estado sentimental, provocado por la crisis y la percepción del poder adquisitivo, las cuales persistirán durante muchos meses, o tal vez durante los siguientes años.

En segundo lugar, es probable que la tendencia reciente de los gobiernos, que intentan inclinar más las escalas de la economía laboral hacia los derechos de los trabajadores continúe en los próximos meses y años.

En tercer lugar, es probable que grandes segmentos de la economía se vean interrumpidos permanentemente como resultado del impacto del coronavirus en las industrias de viajes, el comercio minorista y los negocios de entretenimiento, entre otros, que requieren que el capital y la mano de obra se trasladen a nuevas áreas de la actividad económica, a gran escala.

Finalmente, las industrias que sobrevivan a la recesión, entre ellas las que son vitales para nuestro sistema económico, enfrentarán un largo periodo de ajuste para trabajar e interactuar virtualmente y no de manera personal; además, las industrias y las empresas tendrán que prepararse para futuras pandemias creando sistemas redudantes, cesando las operaciones y deteniendo las cadenas de suministro, iniciativas que tardarán muchos años para reaparecer y optimizarse.

Sentimiento del consumidor: gastos y ahorros

Han pasado menos de cuatro meses desde que comenzó la pandemia de COVID-19 en China, y solo unas semanas desde que el virus comenzó a propagarse rápidamente en otros países de todo el mundo. Aunque esto ha ocurrido en un marco de tiempo mucho más comprimido que otros eventos históricos, que se convirtieron en importantes puntos de referencia de la teoría económica, es probable que veamos cambios en los gastos y comportamientos de los consumidores, similares a aquellos de la Gran Depresión, en la década de 1930 y la Gran Recesión de finales de la década del principio del siglo xxi.

¿Por qué? Actualmente, economías enteras en Estados Unidos y Europa occidental ya se han detenido por completo de una manera que nadie pudo prever, especialmente los líderes gubernamentales y corporativos. Los epidemiólogos habían estado advirtiendo sobre los riesgos de una pandemia, y ciertamente hay mucho más que podría haberse hecho para preparar mejor nuestros sistemas de atención médica, pero nadie anticipó esta escala y amplitud de perturbación económica a nivel mundial.

Lo que vemos ahora es que tanto los gobiernos como las empresas deben prepararse para futuras pandemias como nunca antes lo habían hecho. La pregunta ahora no es si habrá otra pandemia global; es si la próxima será tan severa, menos severa, o, Dios no lo quiera, incluso más grave que el brote de COVID-19. Para prepararnos adecuadamente sobre la próxima pandemia, necesitamos comprender mejor los impactos que están ocurriendo y que probablemente resulten una vez que pase la crisis del COVID-19.

De hecho, antes de esta crisis, hubo una serie de tendencias preocupantes en los mercados laborales, de vivienda y financieros, que habían disminuido la seguridad económica. La explosión en el trabajo de contratación, temporal e independiente, ha creado innumerables oportunidades para que las personas trabajen de formas nunca antes posibles, pero a causa del empleo y la estabilidad de los ingresos. La inestabilidad ha crecido constantemente con el tiempo, a medida que las empresas han perfeccionado la sustitución del empleo regular por contrataciones regulares y a tiempo completo.

La inestabilidad adicional ha sido introducida por empresas que adoptan modelos de mano de obra por encargo para el trabajo por turnos. Según estos modelos, los empleados de empresas susceptibles a fluctuaciones rápidas en la demanda y la actividad, como minoristas, restaurantes, centros de llamadas (telemercadeo) y centros de distribución, reciben muy pocas notificaciones previas sobre cuándo pueden presentarse a trabajar.

Si agregamos a la ecuación los crecientes costos de la vivienda y los crecientes niveles de deuda del consumidor, surge una imagen clara: la mayoría de los estadounidenses estaban viviendo económicamente al límite mucho antes del brote de COVID-19. Ahora, el virus tiene el potencial de ser la gota que colme el vaso; en el mejor de los casos, espero que tome un año completo para que los impactos negativos de la crisis sanitaria se desvanezcan por completo en el comportamiento del consumidor, al contrario de la rápida recuperación que algunos han argumentado, la cual es inevitable. Esto me pone en el campo de los más pesimistas, pero cada día que pasa, ese desafortunado escenario es cada vez más probable.

Regulación del mercado laboral

La mayoría de las protecciones del mercado laboral para los trabajadores en Estados Unidos, incluidas las normas sobre el pago de horas extras, el salario mínimo, los beneficios de salud y los beneficios de jubilación, se basan en la suposición de empleo “regular”. Muchas de las principales innovaciones en los tipos de empleo en las últimas décadas -primer trabajo temporal y contratación independiente, y ahora roles de economía de actuación-, evolucionaron como un medio para que las empresas eludieran los costos adicionales del empleo regular.

Sin embargo, antes del brote de COVID-19, ya estábamos comenzando a ver una reacción legislativa contra el aumento de la inseguridad laboral. El ejemplo reciente, más destacado, es el Proyecto de Ley número 5 de la Asamblea de California (AB5), una ley que reclasificó a muchos trabajadores de la economía del trabajo, anteriormente considerados contratistas independientes, como empleados.

Las soluciones económicas eficientes para los trabajadores implican mejores programas de redes de seguridad social, como la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio, que amplió la cobertura de atención médica independiente del empleo. Se podrían implementar esquemas similares para la licencia por enfermedad, la compensación de trabajadores, el seguro de desempleo y los beneficios de jubilación, todo lo cual se financiaría mediante la imposición directa de trabajos temporales y contrataciones independientes.

Las soluciones menos eficientes económicamente, como la AB5 de California, interrumpen directamente el mercado para los trabajadores no regulares, ya sea los conductores de viajes compartidos, escritores independientes, además de músicos e intérpretes. Tales soluciones son más fáciles de implementar porque imponen la carga del ajuste a los trabajadores y las empresas, en lugar de depender del gobierno para diseñar y ejecutar nuevos aspectos de la red de seguridad social.

El impulso para aumentar la protección de los trabajadores apenas comenzaba a tomar fuerza antes del brote de COVID-19. Al día de hoy, con las perturbaciones en el mercado laboral a nivel nacional y grandes sectores de la población financieramente más expuestos a los caprichos de la economía, espero que se acelere el impulso para una mayor intervención del gobierno.

El punto en cuestión es el proyecto de ley federal de rescate de USD2 billones, recientemente aprobado para contrarrestar los efectos de la pandemia de COVID-19, el cual incluye una expansión de los beneficios de desempleo para los trabajadores independientes, por primera vez.

Las expansiones adicionales de la red de seguridad social para las personas que trabajan fuera del empleo regular seguramente serían mejores para la sociedad, pero a un costo para las empresas, que tendrían que reconfigurar la forma en que contratarían a los trabajadores temporales y contratistas independientes. Esos najustes tomará tiempo para que se resuelvan y puedan desarrollarse en el próximo año y más allá.

Derrumbe y surgimiento de modelos antiguos y modernos para hacer negocios

Este punto ocurre cada vez que hay una recesión importante: cuanto mayor es el declive económico, mayor es la aceleración, aquello que el economista Joseph Schumpeter llamó destrucción creativa; es el ciclo en el que una recesión hace que las industrias en declive y los modelos de negocios, marginalmente exitosos, desaparezcan más rápido de lo que lo harían si la economía nacional hubiera seguido creciendo.

La crisis causará una recesión económica importante. La única pregunta es qué tan profundo y durante cuánto tiempo las industrias tendrán dificultades para recuperarse los niveles anteriores de su actividad económica, sin grandes interrupciones, y qué empresas podrán sobrevivir y prosperar.

El cese total de la actividad en las industrias de toda la economía, como resultado del COVID-19, es similar al impacto de un gran terremoto o tormenta de nieve, donde la mayoría de la actividad económica se detiene por completo de forma inesperada. La diferencia con el COVID-19 es que el estancamiento no está localizado en una parte del país: los desastres naturales, aunque a menudo son devastadores, generalmente tienen solo pequeños impactos en la economía nacional.

Dado que las personas se han visto obligadas a trabajar desde casa, evitar viajar, abstenerse de comprar en tiendas minoristas y dejar de comer en restaurantes, grandes sectores de la economía han dejado de ser financieramente viables. Las interrupciones del coronavirus están en camino de continuar durante meses. Para muchas personas que han sido despedidas, esto significa que no recuperarán sus trabajos. Muchas empresas que han cerrado temporalmente, experimentarán fallas en el modelo de negocios.

Los altos niveles de deuda financiera en la economía, especialmente en la comunidad empresarial, garantizarán que los modelos de negocio marginalmente viables se destruirán aún más rápido, que si no hubiese ocurrido la pandemia. Con el tiempo, la economía se recuperará a medida que los nuevos -y crecientes- modelos de negocio adquieran mayores participaciones del capital de inversión y del pueblo. Pero el proceso de ajuste retrasará la recuperación de la demanda del consumidor y el crecimiento económico general.

Trabajo cara a cara interrumpido

Mientras escribo esto, el número de personas que trabajan bajo las órdenes de “quedarse en casa” en Estados Unidos, y en todo el mundo, continúa aumentando a un ritmo muy acelerado. Las empresas de todas las industrias están implementando nuevos modelos de trabajo virtual, siguiendo los consejos de los profesionales médicos de aplicar el distanciamiento social.

El cambio repentino de distribuir el trabajo a distancia ha permitido la continuidad del negocio, al mismo tiempo que crea enormes desafíos y descubre ineficiencias en la forma en que se llevan a cabo los negocios. Para algunas industrias y trabajos, pasar de un modelo presencial a un modelo virtual no es una opción, porque podría sufrir enormes pérdidas de oportunidades.

Los días de trabajo normal, de la mayoría de las personas, están llenos de interacciones cara a cara, que son esenciales para una comunicación y colaboración efectivas. Las reuniones son mucho más efectivas cuando se realizan en persona, porque puedes leer el lenguaje corporal de los interlocutores, la comunicación provee lluvias de ideas más efectiva y tomar las decisiones correctas más rápido.

Reunirse con compañeros de trabajo, clientes y proveedores para obtener alimentos y bebidas fuera del trabajo crea camaradería y confianza: a menudo, conocer a las personas en persona es la mejor manera de hacer que cumplan con sus compromisos. Mover repentinamente todas esas interacciones cara a cara a entornos virtuales crea una enorme fricción en la forma en que se realiza el trabajo.

Esto sucederá, incluso, si no hay más órdenes de quedarse en casa impuestas por el gobierno. Los temores de los líderes empresariales de mayores interrupciones en las operaciones los llevarán a ser conservadores en la planificación de un retorno a “los negocios habituales” para los arreglos de trabajo cara a cara. Y eso reducirá significativamente la productividad económica y el crecimiento hasta fines de 2020 y más allá.

Creando resistencia ante la próxima pandemia

Con el pasar del tiempo, las empresas han aprendido a lidiar con adversidades inesperadas. Cada recesión es única, presenta sus propios desafíos que son difíciles de pronosticar y superar. Y la planificación de escenarios corporativos está llena de ejemplos de eventos pasados, como el evento de manipulación de productos Tylenol, de Johnson & Johnson, en la década de 1980 y los ataques terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos, que introdujeron riesgos inesperados sustanciales para los modelos comerciales de las empresas. Las compañías no habían anticipado este tipo de interrupción del negocio, por lo que fueron sorprendidas y desprevenidas.

A primera vista, podría parecer que incorporar la planificación de escenarios para pandemias debería encajar en marcos ya bien definidos para la formulación de estrategias y el desarrollo de capacidades. La desafortunada verdad es que la pandemia de COVID-19 ha tomado por sorpresa a casi todas las industrias y empresas. El estrés en industrias enteras, naciones y la economía global se extiende mucho más allá de los límites de la planificación de escenarios corporativos estándar, razón por la cual tantos segmentos de la economía corren el riesgo de una reducción a largo plazo.

Como consecuencia, enfrentamos muchos años de compañías que reevalúan y reorientan sus operaciones e inversiones para prepararse para la próxima pandemia. Hacerlo aumentará su resistencia, pero a costa de reducir las ventas y los márgenes. Al igual que con una póliza de seguro, el retorno de la inversión de los gastos y los recursos cambiantes sólo se reflejará en el resultado final cuando llegue la próxima pandemia.

El crecimiento reciente de las guerras comerciales y el aumento de los aranceles ha provocado que distintos líderes corporativos reconsideraran la creencia en las cadenas de suministro globales altamente interdependientes. El brote de COVID-19 ha enfatizado estos riesgos y los ha puesto en la mira. En el futuro, la verdadera capacidad de recuperación corporativa requerirá que las empresas consideren como desafíos la creación de la capacitación redundante en operaciones físicas y de capital humano.

Los detalles y especificidades variarán según el tipo de industria y los procesos comerciales. En algunos casos, esto significará desarrollar la capacidad para lidiar con picos repentinos en la demanda. Esto es lo que hizo 3M después de la epidemia de SARS 2002-03, cuando comenzó a prepararse para el próximo aumento de la demanda de máscaras N95.

En otros casos, en lugar de aumentos repentinos de la demanda, la mayor amenaza será la interrupción de las operaciones. Las posibles soluciones podrían incluir la capacitación cruzada de los trabajadores para intervenir por sus colegas si hay un aumento en la ausencia debido a una enfermedad, y la reconfiguración de las operaciones y las cadenas de suministro con más sitios de fabricación, proveedores aprobados, canales de distribución, oficinas de ventas, etcétera. La capacidad adicional, entonces, permitiría un cambio ágil de operaciones cuando un área de repente no puede cumplir con su parte del plan de negocios.

Los pasos necesarios para identificar las opciones más viables, probarlas y luego desarrollar la capacidad en los procesos comerciales de extremo a extremo son muy complejas y pasarán varios años antes de que se alcance un nuevo equilibrio. Es seguro que el proceso presentará muchas batallas entre líderes corporativos que desean velar por el interés de los inversores a largo plazo y los inversores enfocados a corto plazo que afirmarán que las inversiones incrementales son un derroche. El inminente duelo no será agradable de atestiguar.

La nueva normalidad económica está lejos de alcanzar

Se requiere tiempo para que las empresas y la sociedad se instalen en una nueva normalidad después de una interrupción económica tan grande. Incluso si los desafíos de atención médica de COVID-19 se resolvieran antes del final de este año, lo que parece altamente improbable, las empresas enfrentarán muchos más meses y años, más allá de los periodos de ajuste previstos en el presupuesto de la planificación y operaciones de su escenario.

Los cambios en la demanda del consumidor requerirán expansión en algunas industrias y contracción en otras. Es probable que el crecimiento futuro del gasto del consumidor sea más lento de lo que ha sido durante muchos años. El aumento de la regulación gubernamental del trabajo y otros trabajos -no regulares– requerirá de adaptación y de cambios en las prácticas laborales.

Las interrupciones en el trabajo cara a cara serán un obstáculo para la eficiencia económica, lo que conducirá a un crecimiento más lento en los ingresos, menores márgenes de ganancias y un flujo de caja reducido. Y la reconfiguración de los modelos comerciales para una mayor capacidad de recuperación requerirá importantes inversiones de capital de trabajo en las operaciones, de manera que no muestren ningún retorno de la inversión hasta que llegue la próxima pandemia.

Llegaremos a la nueva normalidad eventualmente. Los líderes corporativos que reconocen estos nuevos desafíos ahora, y se mueven rápidamente para adaptarse a ellos, pondrán a sus empresas en la mejor posición para prosperar durante la década de 2020.

Versión al español: Armando Cintra Benítez

https://sloanreview.mit.edu/article/a-long-time-until-the-economic-new-normal/
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