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Economía conductual: ¿somos racionales?

En la actualidad, los tomadores de decisiones en el sector privado y público, independientemente de su vertiente ideológica, recurren a la visión económica en un sentido tradicional; es decir, sin tomar en cuenta aspectos sociológicos y psicológicos.


Mit Sloan 28 Jul 2020
Economía conductual: ¿somos racionales?

La economía conductual es la rama de la economía que se nutre permanentemente de otras disciplinas con la finalidad de explicar conductas tan diversas como, por ejemplo, los hábitos poco saludables de alimentación, el exceso de confianza de los inversionistas bursátiles o incluso, el comportamiento de compra del tipo “efecto manada”.

Según Mullainathan y Thaler, la economía conductual es una disciplina que combina la economía y la psicología, al investigar lo que ocurre en los mercados cuando los agentes sufren las limitaciones y complicaciones propias de los seres humanos.

De acuerdo con la definición consignada en la “Serie sobre economía conductual” de la Universidad de Princeton, la economía conductual o economía del comportamiento “utiliza los hechos, modelos y métodos de ciencias relacionadas para determinar hallazgos descriptivamente exactos sobre la habilidad cognitiva humana y la interacción social, y para explorar las implicancias de estos hallazgos para la conducta económica.

La más fértil de estas ciencias relacionadas ha sido la psicología, pero la sociología, la antropología, la biología y otros campos también pueden influir en la economía de manera útil.

La economía conductual se encuentra profundamente enraizada en hallazgos o métodos empíricos y hace que la economía avance a su manera, generando planteamientos teóricos, realizando predicciones más exactos sobre los fenómenos de campo, y sugiriendo mejores políticas.

La economía conductual ha puesto claramente de manifiesto los sesgos cognitivos en los que incurren los individuos con carácter general en la adopción de decisiones, y ha dado lugar al desarrollo de estrategias o modelos de comportamiento para evi-tar estos errores de decisión.

Uno de los campos en el que la investigación de la economía conductual ha sido fructífera es el ahorro de los hogares. En efecto, la Teoría del Ciclo de Vida propone que las personas ahorrarán durante los periodos más productivos de su vida, y se endeudarán o consumirán sus ahorros durante los años de menores ingresos. Claramente, esta predicción no está respaldada empíricamente.

Por el contrario, se aprecia que el consumo de las personas está estrechamente relacionado con su ingreso y que, en muchos casos, el consumo de los individuos cae drásticamente cuando pasan al retiro, simplemente porque no cuentan con ahorros suficientes para suavizar sus patrones de consumo.

Para el Premio Nobel en Economía 2013, Shiller, en las finanzas, la economía conductual comienza a tener su impacto. Es el análisis de las finanzas desde un matiz de ciencia social más amplio, que ha causado un gran interés y revuelo al intentar explicar por qué y cómo los mercados pueden ser ineficientes.

Con la aplicación de técnicas de psicología cognitiva y su intento por explicar anomalías presentes en la toma de decisiones económicas racionales, los trabajos de Kahneman y Tversky propusieron, con evidencia empírica, que las personas son irracionales de una manera consistente y correlacionada, y criticaron fuertemente la teoría de la utilidad esperada, considerada hasta la fecha como el modelo descriptivo que guiaba los procesos de toma de decisiones bajo riesgo.

Al respecto, el Premio Nobel en Economía 2013, Eugene Fama, sigue defendiendo la teoría de los mercados eficientes, al indicar que las anomalías observables en los mercados son consecuentes con la hipótesis de eficiencia de mercado, y le resta importancia a las conclusiones y metodologías seguidas por los investigadores conductistas. Este autor propone que las anomalías son posibilidades normales que pueden generar, de igual forma, reacciones hacia arriba o hacia abajo, producto de la nueva información.

Sin embargo, en los confusos días antes del auge de las finanzas modernas, un grupo selecto de economistas respetables, como Adán Smith, Irving Fisher y Harry Markowitz, pensaron que la psicología individual afectaba los precios.

La incorporación de estos planteamientos en el análisis económico positivo conlleva, necesariamente, su incorporación al análisis normativo; es decir, al debate de las políticas públicas en general y de la protección al consumidor, en particular.

la economía conductual se encuentra ante dos importantes retos. En primer lugar, continuar con su propio desarrollo, el cual es aún muy incipiente e irá necesariamente aparejado a los avances que experimenten las ciencias de las que se nutre -en particular las pertenecientes al ámbito de las neurociencias y la psicología-.

La economía tiene la oportunidad de aprovechar los descubrimientos que se están realizando en estas disciplinas y los métodos objetivos de estudio sobre el funcionamiento del cerebro cuando se enfrenta a la toma de decisiones, para incrementar así sus conocimientos sobre el comportamiento de los seres humanos.

Asimismo, como segundo reto -y tal vez el más importante-, la economía conductual requiere una aplicación aun mayor en la práctica y su consiguiente incorporación a las políticas regulatorias; así como un conocimiento más amplio por parte de las entidades e inversores.

Los conocimientos adquiridos hasta ahora sobre el comportamiento humano, y en particular los aportados por la economía conductual, pueden contribuir a desarrollar políticas regulatorias más enfocadas a los sujetos a los que se dirigen y, por tanto, con una eficacia potencialmente muy elevada.

Los avances en investigación que día a día hacen los economistas, en ocasiones pueden tardar muchos años en salir a la luz pública, pero su impacto en el mundo que nos rodea es evidente. Así surgen los nuevos paradigmas en las ciencias sociales, el cambio constante y debate entre las diferentes visiones como lo demuestran los Premios Nobel en Economía 2013, Schiller y Fama.

Referencias

Andrew W. Lo (2017). Adaptive Markets: Financial Evolution at the Speed of Thought. Princeton Univers. Press; Edición: 2 ed.

Stewart, I. (2007) “¿Dios juega a los dados?”, Barcelona, Crítica. Thaler, R. & Sunstein, C. (2001) “Behavioral Economics, Public Policy and Paternalism”, American Economic Association Papers and Proceedings, May 2003.

Kahneman, Daniel (2003), Maps of bounded rationality: Psychology for Behavioral Economics, The American Economic Review, 93(5), págs. 1449-1475.

Kahneman, Daniel (2011), Thinking, fast and slow, Nueva York, Farrar, Straus and Giroux.