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COVID-19, el ‘cisne negro’ dentro de la nueva normalidad

Mientras seguimos comprendiendo la magnitud de esta pandemia, los nuevos desafíos que enfrentamos apuntan a convertirse en cambios permanentes que debemos considerar adaptar en nuestras vidas y en la manera de hacer negocios.


Mit Sloan 16 Mar 2020
COVID-19, el ‘cisne negro’ dentro de la nueva normalidad

Entre el momento en que yo escriba este artículo, y cuando usted lo lea, muy seguramente lo que pueda decir sobre el COVID-19 ya estará desactualizado. Esa es la naturaleza de algo que se mueve con velocidad exponencial en la sociedad. La magnitud de lo que está sucediendo es difícil de comprender, y es lógico preguntarse si el COVID-19 podría ser el “cisne negro” que la sociedad y las empresas habían temido. La respuesta es: “por supuesto”. Pero también podría ser el tipo de desafío al que todos nos estamos enfrentando, dedicándole nuestro tiempo: una nueva normalidad.

Es muy temprano indicar que se trata de una “lección aprendida”, mientras una tragedia humana está desarrollándose a gran escala. Pero en este momento, es muy difícil pensar en otra cosa, y el cerebro busca algo útil en qué concentrarse. Debido a esto, en las siguientes páginas haré algunas observaciones sobre este desafío global y su relación con otros mega problemas, como el cambio climático.

Pensamientos generales

Debemos convertirnos en mejores entendedores y aprender a reaccionar al crecimiento exponencial. Hasta el 11 de febrero, el número de casos de COVID-19 fuera de China era inferior a 400. Mientras escribo estas páginas, cinco semanas después, hay más de 90,000 (se trata de un incremento de más del 18% en un solo día).

Los maestros han usado esta parábola durante mucho tiempo para explicar el crecimiento exponencial: imagina un estanque donde sólo hay un lirio, pero cada día, la cantidad de lirios va duplicándose, y en 30 días el estanque está cubierto (y sofocado) ¿En qué día crees que haya estado medio lleno? ¿Qué ocurre cuando el estanque sólo está cubierto el 1%? Las respuestas ante estos cuestionamientos son: el día 29 y el día 24; incluso, si hicieras el cálculo con una tasa de crecimiento del 50%, en lugar del 100%, el resultado sería el día 28 y el día 19.

En el contexto de la crisis de COVID-19, esto significa que si no “aplanamos la curva de crecimiento”, una gran cantidad de enfermedades y muertes golpearán muy rápidamente nuestro sistema de salud y nuestra economía corren el riesgo de colapsar.

Tenemos experiencia (y gran éxito) en la gestión del crecimiento exponencial, que impulsa nuestros mayores desafíos mundiales, incluida la población, el uso de recursos y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Desde la Revolución Industrial hasta la década de 2010, todos estos rubros han crecido de forma no lineal. El incremento de las emisiones, ahora se está desacelerando, afortunadamente. Pero, en parte, es debido a que era difícil imaginar cómo sería el crecimiento exponencial de las emisiones, ante este escenario reaccionamos demasiado tarde para evitar impactos significativos en las personas y el planeta. Lo mismo está ocurriendo ahora con la crisis del COVID-19, debido a que para muchas personas ha sido difícil, y han actuado con lentitud para cortar drásticamente el contacto con los demás, por lo que aún queda una cantidad desconocida de sufrimiento.

Por otro lado, debido a que necesitamos enterarnos también de buenas noticias, algunas cosas grandiosas se han movido de manera no lineal en las últimas décadas, como la disminución de la pobreza infantil, la reducción de algunas enfermedades (algunas hasta desaparecer) y la pendiente descendente del costo de las energías renovables. Estas tendencias positivas impulsan un cambio profundo en la sociedad, aunque también requieren preparación.

Los límites planetarios darán forma a nuestro mundo en el futuro previsible. Sólo hay mucho planeta por recorrer, sólo tantas minas productivas, sólo tantos peces en el mar, sólo tantas tierras para arar, sólo tanto CO2, que los océanos y la atmósfera pueden absorber, y así sucesivamente. Al probar estos límites, corremos el riesgo de cambiar el planeta más allá del reconocimiento. Todas las economías y empresas tienen que encontrar una manera de trabajar dentro de estos límites de velocidad básicos.

Podría decirse que el aumento de virus, como el que causa el COVID-19, es un subproducto de algunos de estos límites. Los científicos aún no tienen una comprensión completa del origen del COVID-19, pero se sabe que los murciélagos -probablemente-estuvieran involucrados, así como algunas otras especies de animales. Las primeras personas infectadas en China trabajaban en un mercado que vende animales vivos, con tarifas inusuales como la del pangolín (manis pentadactyla)[1], una especie de oso hormiguero, otra fuente sospechosa del brote. Pero, ¿por qué la gente come animales silvestres? Quizás esto simplifica demasiado, pero es una combinación de pura supervivencia y una actitud de que “los animales viven para el hombre”.

Cuando casi 8 mil millones de personas habitan en un solo planeta y miles de millones no tienen suficiente para prosperar, comerán cualquier cosa, aunque tengan que ir en contra de la naturaleza; la cual, cuando vemos que nos provee de cosas útiles, la sobreexplotamos.

Debemos entender que todos estamos conectados. Durante los últimos años, el péndulo ha estado oscilando ante las actitudes egoístas “de cada persona”. El nacionalismo puro es francamente peligroso frente a los problemas desbordados, ya sea el cambio climático, el uso de recursos y, sí, las pandemias pueden incluirse a la lista. En cierto nivel, somos tan fuertes, como débiles pueden ser nuestros frágiles sistemas inmunes.

En este sentido, preguntas aparentemente políticas como: “¿Todos deberían tener alguna cobertura básica de atención médica?”, se convierten en cuestiones de prosperidad humana y prosperidad económica. En resumen, si las personas no tienen una cobertura de seguridad social y aun así no pueden dejar de trabajar cuando están enfermas (porque carecen prestaciones o beneficios), se presentarán a trabajar. Manejarán y prepararán la comida. Nos venderán nuestros comestibles. Conducirán nuestros Lyfts (taxis) y nuestras ambulancias.

No hay que esconderse detrás de las paredes físicas o económicas para siempre. Si no hay un piso básico de acceso a la energía, el agua, los alimentos y la atención médica para todos, como sociedad estamos en riesgo. Si no prosperamos todos por igual, ninguno lo logrará.

El cambio climático y la enfermedad están ligados. Entre nuestros mayores problemas hay coincidencias y dependencias. A medida que el planeta se calienta, las estaciones se alargarán y en la geografía se expandirán los rangos para muchas enfermedades peligrosas, como la malaria, el dengue, el chikungunya y el virus del Nilo Occidental. Tenemos que pensar en nuestro sistema de atención médica con todas estas tendencias en mente.

Al mismo tiempo, cuando se eleve el nivel del mar y algunas áreas se vuelvan inhabitables, habrá más refugiados. Es probable que tengan poco apoyo económico y haya carencia en la atención médica. No estoy diciendo que los refugiados traigan enfermedades exóticas: nuestros propios ciudadanos, que viajan en aviones y barcos, han importado y difundido el COVID-19. Pero podemos reconocer que mientras haya más personas desplazándose, con un apoyo institucional limitado, no lograrán conservar una mejor salud.

Desde un punto de vista perverso, la desaceleración económica en las caídas del mercado o las pandemias disminuyen las emisiones. Como dijo recientemente la exjefa de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) de la ONU, Christiana Figueres, un crecimiento económico más lento a partir del coronavirus “puede ser bueno para el clima… porque hay menos transacciones, hay menos viajes y hay menos comercio”. Obviamente, esto es una consecuencia que evoca emociones encontradas: menos contaminación es buena, pero los costos humanos de la desaceleración económica agregan un dolor real a los ya devastadores resultados de una pandemia.

Podemos ver desde el espacio que la calidad del aire alrededor de la ciudad de Wuhan, en China, es dramáticamente mejor cuando la gente deja de hacer algo. No es así como queremos llegar allí, pero esta crisis nos permite imaginar un mundo donde la huella de nuestra economía es mucho más pequeña y la gente puede -literalmente- respirar más fácilmente. Alrededor de 8 millones de personas mueren prematuramente por la mala calidad del aire cada año. ¿No sería bueno encontrar una manera de implementar una economía para todo lo que reduce, en gran medida, el riesgo de pandemias y de igual manera prevenir la muerte y las enfermedades, en curso, debido a la contaminación y el cambio climático?

Algunas reflexiones para las compañías

En medio de una crisis de esta magnitud, es difícil detenerse, mirar atrás y reflexionar sobre qué podrían cambiar o quitar las empresas, de acuerdo con lo que están experimentando hoy, mas intentemos dilucidar sobre algunos temas.

In dubio pro reo. En caso de duda, las personas primero. La primera reacción al virus, especialmente en los Estados Unidos, parecía mitigar su efecto en el mercado de valores y la economía. Muchas compañías emitieron declaraciones sobre los impactos en las cadenas de suministro y la demanda. Todo eso importa, pero en serio, estamos experimentando una emergencia de salud humana. Las empresas y los gobiernos pueden hacer algo mejor que tan sólo hablar sobre ganancias y las fluctuaciones de mercado.

Estando en medio de la tragedia, los líderes de las compañías deberían preguntarse: “¿Qué es lo mejor que podemos hacer por nuestros empleados?”. Cambiar al modo de trabajo virtual es la respuesta más fácil para algunas organizaciones, pero se dificulta en trabajos que no pueden realizarse de forma remota o en línea. ¿Pueden las empresas proporcionar algún pago de emergencia a los trabajadores a medida que la economía se desacelera, o al menos solicitar subvenciones y préstamos del gobierno para hacerlo?

Muchas compañías también tienen experiencia anteponerse a las comunidades en una emergencia. Uno de los momentos decisivos de la sustentabilidad corporativa se produjo en 2005, cuando los líderes de Walmart se dieron cuenta de que había más facilidad para la compañía que para el gobierno, en el momento de proveer suministros a las personas atrapadas por el huracán Katrina. Esto conmovió al CEO de la multinacional, al grado que, mostrando su lado más humanista, vio la manera de que la compañía hiciera más por la sociedad.

Recientemente, Budweiser cambió la producción para producir medio millón de latas de agua para víctimas de los huracanes. Y otras gran cantidad de compañía han trabajado con la ONU, para ofrecer ayuda durante las pandemias, como Unilever, que proporcionó 750,000 barras de jabón durante un brote de ébola.

Pero mientras sigo escribiendo estas líneas, las empresas están comenzando a intensificar y tomar medidas dramáticas para ayudar al mundo a superar esta pandemia. El líder de la lujosa marca LVMH anunció que está impulsando en tres fábricas para producir desinfectante de manos, y le dará toneladas de gel al gobierno de Francia y a los sistemas hospitalarios de forma gratuita.

Las comunidades, los gobiernos y los empleados recordarán estas acciones. Estas empresas, al ayudar a las personas y hacer lo correcto, crean confianza y mejoran su licencia para operar.

La capacidad de recuperación económica frente a los cisnes negros requiere que las empresas hagan las cosas de manera diferente. Nuestro modelo económico actual se basa en la búsqueda de la eficiencia: encuentre la forma más rápida y económica de hacer o crear algo, y es probable que tenga una ventaja de tiempo o costo. Pero las cadenas de suministro globales que se optimizan para la centralización y los costos reducidos tienen serias debilidades potenciales.

Un análisis de las cadenas de suministro mundiales, a principios del mes de marzo pasado, calculó que las 1,000 compañías más grandes del mundo y sus proveedores tienen más de 12,000 instalaciones en áreas en cuarentena de China, Corea e Italia. Hemos visto algo como esto antes. Las inundaciones masivas en Tailandia, en 2011, hicieron que cerraran las fábricas donde se fabrican piezas importantes para la industria del disco duro de la computadora y componentes para los principales fabricantes de automóviles: únicas locaciones para fabricar estos insumos.

Nada puede evitar las reducciones de la demanda que surgirán del distanciamiento social, y los graves recortes en los viajes y en todos los servicios. Pero, en general, hay algunas cosas que las organizaciones pueden hacer para reducir los riesgos en sus operaciones: pueden incorporar en sus cadenas de valor cierta duplicación y diversidad -principios clave de la resiliencia en la naturaleza (tenemos dos riñones por una razón)- en producción y proveedores.

A corto plazo, la cadena de suministro múltiple y las rutas de producción pueden parecer poco eficientes, pero resultan útiles en caso de emergencia. Las empresas deben valorar la capacidad de recuperación y la reducción de riesgos en sus planes y cálculos de inversión, no sólo lo que les dé el costo más bajo en la actualidad.

Las empresas también deben prepararse para las buenas tendencias exponenciales, que derrumben algunos modelos arcaicos de negocios y creen otros nuevos. La economía limpia, por ejemplo, está reemplazando los combustibles fósiles a un ritmo que parece lento, pero al igual que los lirios en el estanque, proliferará con bastante rapidez.

Podemos descubrir algo útil sobre cómo interactuamos y viajamos. Nos guste o no, nos estamos embarcando en un gran experimento con trabajo y tecnología remotos. Como Figueres, la exfuncionaria de la ONU, dijo en febrero: “Podemos darnos cuenta de que no tenemos que viajar tanto. Y estoy seguro de que el mercado aprovechará la oportunidad; incluso, perfeccionará aún más tecnologías para que podamos comunicarnos y participar en las reuniones, casi como si estuviéramos físicamente presentes. Esa sería una contribución sistémica para [reducir] el cambio climático”. Como señala la exfuncionaria de Naciones Unidas, todo esto nos preparará para acomodar enfermedades y pandemias en el futuro.

Las empresas deben salirse de la política y de las líneas marginales. Es fundamental que las empresas hagan lo correcto para sus empleados y algunos miembros de la comunidad en una crisis. Sin embargo, durante emergencias y desafíos sistémicos, necesitamos más. Las empresas deben usar su influencia política para impulsar el cambio en el gobierno.

La mayoría de las multinacionales fuera del sector energético han evitado cualquier presión o comunicación seria con los líderes políticos sobre la política climática. Las empresas están firmando declaraciones de apoyo a esta política, pero no se presentan en persona en D.C., Bruselas o en las capitales regionales y estatales para defender su precio por el carbono o las inversiones en tecnologías limpias.

Lo mismo puede estar sucediendo con la crisis del COVID-19. Las empresas, y las grandes organizaciones como las universidades y todas las ligas deportivas profesionales en Estados Unidos, se están volviendo virtuales o están cerrando rápidamente. Eso es lo recomendable para aplanar la curva de la tasa de infección.

¿Es suficiente hacer lo que está directamente bajo su control? Ya no más. Obviamente, las empresas tienen un profundo interés en tener una economía funcional con empleados sanos. Por lo tanto, reducir la velocidad del virus debe ser una prioridad. Eso significa pedir a los gobiernos que actúen juntos para cerrar escuelas, prohibir reuniones públicas, desarrollar la infraestructura de pruebas mucho más rápido y proporcionar transparencia constante sobre lo que está sucediendo. Si la administración federal de un país está rezagada, las empresas deben aplicar presión rápidamente.

Para mí, todo esto se suma al punto de partida de dos factores mundiales, el COVID-19 y el cambio climático; se trata, por supuesto, de dos cisnes negros, uno que se mueve más rápido que el otro. Pero ambos señalan cambios más permanentes, los cuales todos tenemos que hacer en nuestras vidas y cómo hacemos negocios.

Espero que todos podamos estar participando ante estos desafíos y aprovechar la oportunidad de construir un mundo más humano, compasivo y sostenible. Por favor, por ahora quédese en casa y mantenga a salvo su vida.

Versión al español: Armando Cintra Benítez

https://sloanreview.mit.edu/article/is-the-covid-19-outbreak-a-black-swan-or-the-new-normal/
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