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Estrategia

¡Sí, es posible hacer negocios sostenibles!

El viejo paradigma de que un negocio rentable es aquel que genera ganancias sólo en relación con sus resultados financieros -sin considerar su corresponsabilidad ambiental y social- ha quedado en el pasado.


Mit Sloan 28 Oct 2020
¡Sí, es posible hacer negocios sostenibles!

Por Raquel Macías

Si bien, antes de la pandemia líderes de diferentes ámbitos ya se pronunciaban a favor de nuevas formas para hacer negocios más sostenibles, en los últimos meses, de una manera más amplia y profunda, la humanidad se ha enfrentado a reconocer su vulnerabilidad en este mundo; y la mayoría de las empresas, a repensar sus estrategias de negocio considerando otros factores clave en su toma de decisiones.

Pese a que la actividad económica colapsó y poco a poco retoma su ritmo en ciertas geografías o industrias, el impacto del cambio climático no se detuvo, y la desigualdad se acrecentó: la pandemia ha ampliado las brechas existentes.

En el ámbito ecológico, de acuerdo con el Fondo Mundial para la Naturaleza, de mantenerse la inercia en el agotamiento de los recursos naturales, para el año 2050, necesitaríamos 2.5 planetas para abastecernos, ya que año con año consumimos 20% más de los recursos que la tierra es capaz de producir1. Por supuesto, estos datos no son consecuencia exclusiva de ese antiguo paradigma de los negocios. Sin embargo, es claro que juega un papel importante en el agotamiento de los recursos, sobre todo cuando éstos se consumen sin atender el impacto en el mediano o largo plazo. Para muchas empresas, esta realidad se ha vuelto evidente, no es casualidad que entre los principales factores de riesgo que el sector privado identifica para hacer negocios se encuentra el colapso de los ecosistemas naturales, el impacto medioambiental, el desempleo, la crisis alimentaria y la falta de mecanismos que permitan retroceder en el cambio climático.2

Sin duda, uno de los principales retos a los que se enfrentan las organizaciones, gobiernos y sociedad civil, es cómo encontrar un balance entre producción, salud financiera, crecimiento económico y sostenibilidad, con todo lo que esta última implica. Para dar respuesta a esta compleja ecuación todas las partes deben ser partícipes, alineando sus estrategias y/o acciones a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas. Particularmente las empresas pueden sumarse a equipos de trabajo globales como el Pacto Mundial, generando alianzas estratégicas con diversos actores como la academia o gobierno, entre otros.

Asimismo, surgen modelos económicos y de consumo que muestran una guía para adoptar prácticas sostenibles como la Economía Circular (EC). Contrario a lo que hoy generalmente sucede con la economía lineal -extracción-producción-consumo-desperdicio-, la Economía Circular propone cerrar ciclos de producción y mantener un flujo constante de recursos naturales en donde todo lo producido sea un insumoo un alimento para otro proceso u organismo. Con este enfoque de producción se lograría una reducción de entre 80 y 99% de los desechos industriales en algunos sectores, y entre 79 y 99% de sus emisiones3. Sin mencionar el potencial que tiene este modelo para generar más empleos locales -es decir, mantener a proveedores más cercanos a las fuentes de producción-, así como proveer de nuevas habilidades a la actual fuerza laboral. Porque si algo es claro en esta encrucijada es que sólo se podrá vivir en una EC y en el menor tiempo posible, si se cuenta con herramientas digitales que permitan: reducir tiempos en las cadenas de suministro en el sector alimentario, identificar rápidamente el deterioro real de los ecosistemas o monitorear el uso de plásticos para garantizar una vida duradera, entre muchos ejemplos más.

A pesar de que este modelo no es nuevo, no se ha avanzado al ritmo que demandan las amenazas y riesgos que la humanidad enfrenta. De hecho, en 2019 el reporte “The Circulatory Gap Report” afirmaba que solamente 9.1% de la economía global cumplía con este principio. Sin embargo, el mismo reporte señaló que en 2020 la cifra bajó a 8.6%4.

En esta lucha por la supervivencia en el único planeta que tenemos no hay otra opción: las empresas deben transitar hacia modelos sostenibles que atiendan las nuevas necesidades de los consumidores, quienes hemos cambiado, exigiendo que los productos y servicios generen un impacto positivo en la sociedad. Nuestra voz como consumidores determina cadenas enteras de producción y por ello tiene más valor que nunca. Las organizaciones que no adopten mejores prácticas corren el riesgo de desaparecer en un futuro cercano.

La reputación de los negocios y el valor para los inversionistas está en cómo las organizaciones incorporan la sostenibilidad en sus procesos y generan bienestar para la humanidad. Primero, empezando “desde casa”, como empleadores, anteponiendo el bienestar de nuestros colaboradores; reconociendo nuestro impacto en la economía local, teniendo programas de abastecimiento incluyentes; entendiendo mejor las prioridades de nuestros clientes en lo que a sus metas de sostenibilidad se refiere, y creando puentes para alcanzar esos objetivos más rápidamente.

Resulta prioritario para las organizaciones civiles, gubernamentales y del sector privado, implementar mecanismos que permitan tener una medición real del impacto medioambiental y social que generan.

Ya hemos comenzado una transición hacia una nueva manera de operar como empresas y la pandemia ha obligado a un reordenamiento en las prioridades de los negocios, ahora corresponde acelerar esa evolución y encaminarla para que beneficie a todas las personas, generando un impacto positivo en lo económico, ecológico y social, considerando a todas las comunidades y ecosistemas que participan en el proceso.

Es posible hacer negocios sostenibles y depende de nosotros si cada una de las personas que acompaña esta reflexión. De cada líder de Recursos Humanos cuando, mitigando prejuicios, busca talento más allá de su zona de confort; de cada gerentede Compras que empuja nuevas políticas de pago para no afectar a sus proveedores, que son microempresas y no tienen mayor capacidad de financiamiento; de cada responsable de facilities cuando implementa medidas de reciclaje o ahorro de energía; al CFO que apoya la adquisición de equipo de trabajo ergonómico, aun cuando la legislación no lo exige. Así, cuando hacemos de la responsabilidad corporativa “nuestra responsabilidad”, es innegable que “hacer negocios sostenibles”, es posible.

Acerca de la autora

Raquel Macias es Directora de Asuntos Corporativos y Responsabilidad Social de SAP México. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación por el Tec de Monterrey, y cuenta con estudios de posgrado en la Universidad de San Diego y el IPADE. Ha colaborado en actividades de responsabilidad social enfocadas al empoderamiento económico de la mujer. raquel.macias@sap.com

1WWF, Planeta Vivo Informe 2016, http://awsassets.panda.org/downloads/lpr_2016_summary_b5_c3.pdf

2World Economic Forum, “Risk for Doing Business 2020” https://www.weforum.org/agenda/2020/10/global-risks-interactive-map-shows-climate-issues-rising/

3UN Environment Programme https://www.resourcepanel.org/reports/re-defining-value-manufacturing-revolution

4‘The Circularity Gap Report’, White Paper, Circle Economy, 2020 https://www.circularity-gap.world/