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La contingencia ambiental podría estar dentro de tu oficina

La contaminación no sólo está en las calles, también en los espacios cerrados. La OMS lo ha llamado Síndrome de Edificios Enfermos y es causa de padecimientos y bajo rendimiento laboral.


Mit Sloan 21 May 2019
La contingencia ambiental podría estar dentro de tu oficina

El aire acondicionado, las fotocopiadoras, los químicos para limpiar, las persianas, todo es un foco de contaminación. Comenzando con las personas. Y si a eso le sumamos la contingencia ambiental de la ciudad, los resultados son enfermedades y ausentismo laboral.

Suena aterrador, dice Jesús Nava, director de Salud, Seguridad y Medio Ambiente en SGS México, empresa europea que inspecciona y certifica productos y servicios. Pero, por un lado, no existe aire puro en ningún lugar del planeta y, por otro, hay varias medidas para moderar la polución.

El especialista llama a las empresas a tomar en serio este problema. En 2018 la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimaba que cada año mueren 7 millones de personas por la contaminación del exterior y en los lugares en que se habita.

Edificios enfermos

En los días pasados, miles de habitantes de la Zona Metropolitana del Valle de México volvieron a incrementar las ventas de cubrebocas. Los fabricantes quizá lo agradezcan, pero no los institutos públicos de salud, pues una de las consecuencias de la contaminación son las enfermedades respiratorias o de la piel.

Cuando se habla de contaminación del medio ambiente suele pensarse en las calles. En esta reciente contingencia ambiental extraordinaria, activada por el Comisión Ambiental de la Megalópolis, muchos se quedaron en casa.

Y en muchas empresas, en las que los colaboradores no pueden hacer teletrabajo, estaban entre la disyuntiva de si abrir las ventanas o no. Lo que tal vez no saben es que su edificio ya está enfermo y su padecimiento es contagioso.

La OMS lo ha llamado Síndrome del Edificio Enfermo (SEE). Para diagnosticarlo hay que valorar a sus habitantes, en este caso, a los empleados. Si 20% de ellos tiene algún problema pulmonar, ocular o cutáneo es probable que la causa sea el lugar de trabajo.

El Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales de España señala que algunos de los síntomas que podría tener los empleados son: irritaciones de ojos, nariz y garganta, sensación de sequedad en membranas mucosas y piel, ronquera, respiración dificultosa, erupciones cutáneas, comezón, náuseas, mareos y vértigos, fatiga mental y dolor de cabeza.

El diagnóstico

No tiene mucho que ver con que sea nuevo o viejo. Aunque, los edificios nuevos tienden a ser “ambientalmente más amigables”, y por ello son los menos problemáticos, explica Jesús Nava.

Indica que generalmente los lugares con SEE son espacios cerrados, con un sistema de enfriamiento y calefacción, y a veces ese circuito está mal diseñado o no tiene mantenimiento.

También influye la cantidad empleados, “porque todos liberamos CO2”, es decir, dióxido de carbono. En altas concentraciones, puede desplazar el oxígeno en el aire. Otro punto a valorar es la distribución de los espacios, si hay paredes u oficinas que hacer variar el flujo del aire y que los contaminantes no se dispersen.

Hay que poner atención igualmente en las cortinas, la pintura utilizada en las paredes y muebles. Además, las fotocopiadoras, o cualquier fuente de calentamiento como el aire acondicionado, producen reacciones químicas que se pueden manifestar en el dióxido de carbono.

Los productos químicos que van desde un artículo de limpieza, hasta los aerosoles que la gente usa para su higiene personal igualmente interactúan en el aire, no siempre de la mejor manera.

Consejos para aliviar a tu edificio

Si el edificio está enfermo y no hay ventanas, el aire contaminado sólo da vueltas, no sale de ahí, apunta Jesús Nava. Pero si hay puertas y ventas y no hay filtros de aire, los contaminantes de los coches, las fábricas o, como sucedió en días pasados, de los incendios aledaños, se incorporan al ambiente de la oficina.

Entonces, lo que se puede hacer es primero analizar los puntos de riesgo antes mencionados, como el mantenimiento del sistema de calefacción o enfriamiento, verificar que funcionen bien y que no estén acumulando polvo.

Aconseja medir los indicadores de CO2 y CO. En los edificios nuevos o remodelados estar atentos a la presencia de olores y esperar a que se disipen antes de llevar a los colaboradores, pues pueden producir dolores de cabeza, estrés, ansiedad o, en casos más graves, intoxicación.

La OMS hace énfasis en la iluminación de las oficinas. La falta de luz favorece la propagación de hongos y moho, pero si hay demasiada claridad, puede afectar la vista. El ruido es también una forma de contaminación, por lo que ayuda mucho tener materiales que aíslen los sonidos externos.

Cada vez los empresarios se concienticen más de esto, señala Jesús Nava. Pero aún no es suficiente, pues muchos esperan hasta que “una situación punitiva”, como una multa, los haga atender “la enfermedad de sus edificios”.

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